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martes, 20 de septiembre de 2011

¿Regalarías una muñeca a un niño?


Con motivo del cumpleaños de Minerva, que por cierto lo pasamos en grande y terminamos todos agotados, tengo que confesar que me desperté temprano por la mañana, no porque tuviésemos que preparar mucho, que lo dejamos tod
o más o menos organizado el día anterior para disfrutar totalmente con la pitufa, sino porque estaba nerviosita perdida con el primer año de vida de mi niña. Como decía, con motivo del cumpleaños de la nena, tuvo un montón de regalos, algún juguetillo, mucha ropita (que nos viene genial, pues poco vamos a necesitar ya) y algo que me encantó por su originalidad, dedicación y lo que representa, una foto revista, con comentarios entrañables y fotos desde el momento en que le dije a mi familia que estaba embarazada, del embarazado, la ecografía donde se ve perfectamente la carita de Minerva, el primer día de vida de la nena y todo lo que ha ido cambiando en estos doce meses. Ya les hemos dicho que el año que viene queremos otra.




Entre los juguetes que la regalaron está “mi primer nenuco”, una muñeca con cuerpo blandito y con extremidades y cabecita igual a los nenucos de toda la vida. Es la primera muñeca, como tal, que tiene Minerva.


No escribo estas líneas porque el regalo en sí me desagrade, para nada, de hecho a la nena parece gustarle. Pero si hubiese sido por nosotros, hubiésemos esperado a que ella nos pidiese una muñeca o que hubiese dado signos de querer una, como nos pasó cuando le compramos su coche de carreras, que por cierto acertamos de pleno. Cada vez que íbamos a la asociación de crianza, como allí tienen un montón de juguetes, Minerva siempre se decantaba por un pequeño cochecillo.


Tengo que decir que este regalo proviene de una grandísima y estupenda amiga, que además suele leer este espacio, por lo que no quisiera que se llevase la impresión de que no nos haya gustado o nos haya molestado. Nos conocemos desde hace unos cuantos años, así que seguro que no le sorprende esta entrada, y cuando trabajábamos juntas (luego no hemos tenido tantas oportunidades) nos encantaba debatir sobre cualquier cosa, y es que somos muy diferentes en cuanto a gustos y opiniones, pero eso no quita que nuestras conversaciones no estuviesen siempre llenas de respeto.


No fue hasta el día siguiente, cuando observando a Minerva y la muñeca, dándole vueltas al tema de los estereotipos en los juguetes, ya hablé de este tema hace un tiempo, podéis leerlo aquí, me pregunté si le habría hecho este regalo si hubiese sido niño, y al mismo tiempo me hago yo esa pregunta.





Mientras l@s niñ@s no hablan y no pueden decirnos lo que les gustaría que les regalásemos, nosotros solemos comprarles algún juguete didáctico, un cuento, o ropita, esto último especialmente cuando son muy pequeños, porque aunque les venga muy bien a los papás, el que te regalen ropa siendo niñ@ no creo que haga mucha ilusión. Cuando ell@s ya nos dicen lo que quieren, entonces lógicamente procuramos (mientras no sea algo que atente contra su integridad o la de otros) darles lo que desean.


A mí personalmente no se me ocurriría regalar una muñeca a un niño (a no ser que sea lo que quiere). Primero, porque tampoco lo haría si fuese una niña, es decir, o les compro a tod@s muñecas y coches, o no se lo compro a ningun@. Para mí sería incurrir en estereotipos y prejuicios. Comprar una muñeca a una niña por ser niña (repito, a no ser que sepamos que es lo que quiere) me parece sexista. Y segundo, porque si le compro una muñeca a un niño, puede que los padres se molesten, que haberlos “haylos”, por regalarle a su hijo cosas de niñas.


Creo que a l@s niñ@s hay que dejarles que jueguen libremente, que exploren, que estimulen su imaginación, dándoles herramientas para ello, con las que por ejemplo puedan imitar a los adultos (que es uno de sus juegos favoritos) de la forma más segura posible.


Siendo niña, me encantaba jugar al scalextric de mi tío cuando íbamos a casa de mis abuelos o al parking de coches, del hermano de una amiguita, cuando íbamos a su casa. Pero a pesar de que quería uno para mí, jamás me lo compraron. Sin embargo recuerdo recibir muñecas y una máquina de coser, que no recuerdo haber pedido. Mi hermana, sin embargo, tuvo más suerte, y si tuvo muñecos de “niños”, con su avión, o su tren eléctrico, de los que yo también pude disfrutar.





Así que termino como he empezado, con el título del post. Sinceramente, sin que él expresamente lo haya pedido, ¿regalarías una muñeca a un niño?





P.D. Aroa, la próxima vez que nos veamos tenemos un debate pendiente

domingo, 17 de abril de 2011

El papel del padre del bebé amamantado

La última reunión de La Liga de la Leche, a la que asistí el sábado junto con mi madre y la nena, me va a servir como escusa para escribir una entrada que debería haber escrito hace tiempo. El tema era el mismo que el del título de esta entrada.

Sabía de qué iba e intenté convencer al papá para que nos acompañase pero a él estas cosas no le interesan mucho, prefiere quedarse en casa limpiando y que luego se lo cuente yo. Igualmente sucede cuando intento que lea algún libro sobre crianza. Como él dice, prefiere ocuparse de la nena y no perder el tiempo con otras cosas.

El papá del bebé amamantado parece estar, al principio, relegado, pero no es así. No hay que olvidarse de ellos, porque su función es vital tanto para la mamá como para el bebé. Al bebé porque lo cuida y lo mima. Y a la mamá porque también la cuida y también la mima, además de apoyarla, porque a veces parece olvidarse que el bienestar del bebé está estrechamente relacionado con el bienestar de la madre, que es a la que más necesita y con la que normalmente pasa más tiempo en esos primeros meses.

La intención de esta entrada es dar las gracias a mi compañero de ruta y padre de nuestra hija. Quiero que sepa que aunque a veces parezca que no estoy conforme con nada de lo que hace es sólo porque soy muy pesada y le doy muchas vueltas a las cosas, y en ocasiones me agobio mucho. Quiero darle las gracias por el equipo que formamos. Quiero agradecerle todo lo que ha hecho y sigue haciendo para que mi papel como madre me sea mucho más fácil:

Estando a mi lado en todo momento durante el parto. Haciéndose cargo él solo de todas las tareas domésticas a la vuelta del hospital, y hasta hace casi bien poco. Trayéndome agua y dándome de comer mientras amamantaba a Minerva (en esas interminables tomas con pezoneras). Manteniendo siempre la calma cuando yo la perdía, cansada, desanimada y llorosa, con las hormonas revolucionadas, y pensando que todo ese mundo me superaba. Levantándose conmigo por la noche cuando le tenía que dar el pecho a Minerva para traerme los paños calientes, el sacaleches, el hielo, y por último de nuevo el sacaleches, cuando tuve la ingurgitación al poco tiempo de llegar a casa y más tiempo del que me hubiera gustado, hasta que el pecho pareció adaptarse. Levantándose las noches (incluso cuando ya había empezado a trabajar) que la nena no conseguía dormirse después de mamar para intentar calmarla y que yo pudiera descansar. Apoyándome siempre en todas las decisiones, aún cuando tenía y tiene sus dudas siempre somos una piña ante opiniones o consejos ajenos (siempre le termino convenciendo después de argumentarle gracias a todo lo que leo y las charlas a las que asisto). Por ser él el primero que insistía en que me metiera a la niña en la cama para darla el pecho, ya que ambas estaríamos mejor (a mi me daba miedo siendo tan pequeña al principio). Por ser el superpapá cuyo hombro o tripa son somníferos para Minerva. Por llevarse a la nena en la mochila a dar un paseo mientras yo intento descansar. Jugando con Minerva, haciéndola volar, tirándose en el suelo con ella, haciéndola reír, porque me encanta y disfruto viéndolos. Y por otras muchas cosas de las que ahora no me acuerdo.

Quiero agradecerle que sea el mejor padre del mundo.

Gracias Javi, sin ti no hubiera podido.

lunes, 14 de febrero de 2011

¿Rosa o azul? Arcoiris

Me vino la idea de escribir esta entrada tras leer un caso de unos padres en Suecia. Estos han decidido no desvelar el sexo de su bebé, que ya tiene tres años, dejándole elegir ropa y juguetes. Según ellos el sexo es una construcción cultural y social. Os dejo el enlace por si lo queréis leer entero. A mi me parece innecesario y exagerado. Pero vamos al caso de esta entrada.

Siempre intento huir de los estereotipos, sean del tipo que sean.

La educación sigue siendo sexista aún en nuestra sociedad. Nos vanagloriamos de ser muy abiertos y avanzados pero todavía nos queda mucho camino por andar, y no sólo en este tema. Todo empieza en casa cuando todavía no ha nacido nuestro bebé. Su habitación, la ropita, los juguetes, la aceptación o no de determinados sentimientos (los niños no lloran). Y todo esto continúa en el entorno social y se acentúa sobre todo con la televisión. Como decía, todavía no ha nacido nuestro bebé y, si ya sabemos su sexo, empezaremos a imponerle determinados estereotipos según su género.

Cuando me quedé embarazada, y antes de saber si era niño o niña, teníamos claras ciertas cosas. Teníamos claro el color de su habitación, que no queríamos nada rosita, que elegiríamos juguetes educativos, que no le pondríamos pendiente/es y que le enseñaríamos a aceptar y expresar sus sentimientos. Teníamos claro todo esto independientemente de su sexo.

Al final fue niña, y por cierto muy guapa, y como se suele decir no es porque yo sea su madre (a mi con esta frase siempre me da la risa, ya sean padres, abuelos o tíos los que intenten convencernos de su objetividad).

No le hemos puesto pendientes, y claro, todo el mundo te pregunta si es niño o directamente utilizan el masculino para referirse a ese bebé tan mono. Damos tantas cosas por hecho, tenemos tantos prejuicios… Y entonces la pregunta, ¿y no le ponéis pendientes? Y yo les preguntaría ¿por qué? Pero termino contestando como teniendo que dar explicaciones, que se lo pondremos en el momento (si es que ocurre) que ella los pida. Y no, no le va a doler más cuando sea mayor, ¿qué pasa, que un bebé aguanta más el dolor, o simplemente es que como no habla…? Por cierto, que yo me he hecho algún agujero de más en la oreja y no me ha dolido.

Pedimos, a la gente con la que tenemos confianza, que no le comprasen nada rosa. Y menos mal, porque el 95% restante le compraron ropita rosita, si hubiese sido por ellos habríamos tenido el armario entero de color de rosa (su habitación no es rosa, tampoco es azul).No queríamos nada rosa no por tener algo en contra de ese color, sino porque sabíamos que la gente por tratarse de una niña se iban a centrar únicamente en ese color. Anda que no hay colores, qué poca imaginación y qué aburrido.

Ya me ha pasado en más de una tienda preguntar por manoplas o gorritos para bebés y preguntarme los dependientes si es para niño o para niña. Mi respuesta es: enséñame lo que tienes y ya decido yo.

La publicidad, tanto en televisión, como en los catálogos de juguetes, diferencia siempre entre juguetes para niños y juguetes para niñas. Todo lo referente a las tareas de casa es exclusivo de niñas, todo lo que implique mayor actividad o aventura es para niños, y a lo que ellos consideran que pueden acceder tanto niños como niñas lo diferencian claramente por colores (rosa o azul) o por motivos más cursis o más agresivos. Como si a un niño no le pudiese hacer ilusión jugar a las cocinitas y como si a una niña no le pudiese gustar jugar con camiones. Se trata de ofrecer una amplia variedad de juegos y juguetes y que ell@s elijan sin imposiciones, siendo los juguetes educativos, y no los que diferencian claramente de género, a través de los cuales habría que estimular la imaginación y el juego de nuestr@ hij@s.

Siempre que hemos buscado un juguete para el cumpleaños de nuestro sobrino intentamos que sea algo didáctico, adecuado a su edad, y que estimule su creatividad e imaginación. Igualmente hacemos cuando le compramos un juguete a nuestra nena. Esto no quiere decir que si mi sobrino nos pide el coche de carreras fulanito o mi hija nos pida (cuando tenga edad para hacerlo) la muñeca menganita no se lo vayamos a regalar si es lo que les hace ilusión.

Hay quien dice que en el cole, por ejemplo, podrían llamar nena a nuestro hijo por estar jugando a las casitas. Un/a niñ@ de dos años no sabe a lo que le corresponde jugar por ser niño o niña. Sin embargo un/a niñ@ de cuatro años empieza a imitar lo que ve en los adultos de su alrededor. Si un niño de cinco años llama a otro nena por jugar a las casitas, el segundo niño no le dará mayor importancia si en casa le alientan a jugar sin restricciones y lo ven como algo natural, y habría que preguntarse de dónde ha sacado esa idea el primer niño.

Os dejo este enlace: Juegos y juguetes para la igualdad. Guía didáctica para una Educación No Sexista dirigida a madres y padres.