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jueves, 6 de abril de 2017

Yo decido, tú decides

Hoy no vengo a dar respuestas, sino más bien a realizar preguntas.

Hoy necesito escribir estas palabras no sólo por mí sino por todas las madres a las que escucho el mismo motivo de desahogo.  Se sienten juzgadas en su maternidad y su crianza. A mí como madre también me pasa. Y sin embargo lo que necesitamos es apoyo.





¿Por qué la gente se mete donde no la llaman? ¿Por qué me dicen lo que tengo que hacer con mi parto, mi lactancia, mi cuerpo, mis hijos, mi vida?


¿Por qué en la crianza todo el mundo opina y cree saber mejor que tú cómo criar a tus hijos?


¿Por qué la gente se ofende cuando nos salimos de lo que se suele hacer? O afinando más la pregunta… ¿Por qué se ofende cuando no lo hacemos como ellos?


¿Por qué especialmente en el postparto (una etapa muy delicada donde la mamá necesita mucho apoyo, no sólo logístico sino también emocional) en vez de apoyar a la reciente mamá, la machacamos contradiciendo y poniendo en duda su manera de hacer las cosas?


Si yo no me meto con la crianza de los demás, ¿por qué los demás si se meten en la mía?


¿Por qué en vez de charlar tranquilamente entramos en una guerra de bandos y criticamos directamente sin dar ninguna oportunidad?


¿Por qué nos empeñamos en ofrecer consejos no pedidos?


¿Por qué nos cuesta tanto aceptar, escuchar y empatizar?



Y he llegado a la conclusión que la mayoría de las veces esto sucede por uno o varios de estos motivos:

- Disonancia cognitiva (en resumidas cuentas, justificar algo que en el fondo se sabe que “no está bien” para aliviar el conflicto que nos produce el pensar y actuar de forma diferente).

- Baja autoestima. Sentir que si yo lo hago diferente es que ellos lo hacen mal. Sienten que les llevo la contraria (aún cuando lo único que hago es vivir y dejar vivir) y entonces se ponen a la defensiva. Pero es que resulta que no todos tenemos por qué hacerlo igual.

- Culpa. Cuando vemos que la cosas se pueden hacer, o se podría haber hecho, de otra manera.  La culpa llama a la puerta. Pero en nuestra mano está aceptarlo y si queremos y podemos, cambiarlo; o atacar a esa persona que por hacerlo diferente nos pone en bandeja nuestros propios fantasmas.

- Mente cerrada. No aceptar que las cosas sean de otra manera, especialmente por miedo al cambio.

- Personalidad narcisista. Todo en la vida gira en torno a como yo hago las cosas, si no son como espero está mal.

- Dejarse llevar. No plantearse las cosas. Pensar que las cosas siempre se han hecho así y lo normal es que así sea.


Me planteo las cosas, leo, me informo, hago caso a mi instinto, no daño a mis hijos ni física ni emocionalmente (en este último caso al menos lo procuro) y decido lo que me parece mejor para mi familia. ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?


Tanto como asesora como madre no se me ocurre decirle a nadie lo que tiene que hacer. Como asesora informo y cada familia decide. Como madre me ocupo de mi vida, que ya tengo bastante.


Este post va dirigido especialmente para esas personas, familiares, amigos, conocidos, desconocidos, que se creen con derecho no sólo a juzgar sino a decirte lo que tienes que hacer o a opinar sobre la manera en que hacemos las cosas en mi familia.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Papá no, papá sí. Ellos también existen


Los papás también existen, y digo esto porque la gran mayoría de los que asistimos a grupos de crianza o andamos en este mundillo blogueril somos mujeres. Y muchas veces al papá ni se le menciona, aunque sepamos por supuesto que están ahí y que su papel es también fundamental en la crianza de nuestros hijos.

Sin entrar en temas de familias de dos papás, dos mamás, monoparentales, etcétera, que por supuesto son familias maravillosas y no pongo en duda que a los niños no les falta de nada, emocionalmente hablando, hoy quiero hablar de las familias de papá, mamá e hijo/s, porque es lo que nosotros vivimos.

Creo que el papel del padre es, como ya he dicho, fundamental en la crianza de los hijos. No sólo por al apoyo que nos presta a la mamá especialmente en el postparto, ese sostén al que asirnos para no caer cuando nos fallan las fuerzas (no sólo físicas), sino por todo lo que aportan a sus hijos. Por supuesto estoy hablando del padre y de la pareja que se involucra, que está presente (aunque pase gran parte del día fuera porque tiene que trabajar), que se ocupa y que es consciente de su gran papel en la crianza de sus hijos. No hablo de ese padre que se convierte en otro hijo para la madre, eso ya es otra historia.

Este padre apoya y anima a la madre, entre otras cosas, con la lactancia, sin interferir, porque su participación en la lactancia es el de sostener a la madre, el disfrutar de la imagen de su pareja y su bebé fundidos en uno y del resto de cosas que puede hacer igual que la madre.  Ese padre sabe que, normalmente, aunque disfrute de su pequeño, y pase tiempo con él, y duerman juntos, y mil cosas más, no será a partir de los dos años cuando mamá dejará de ser el todo y descubra al héroe que es su papá. Y todo esto sin olvidar que ese padre es humano, y también se preocupa, viene con su propia mochila a cuestas y también sufre.





En nuestro caso, mi compañero de ruta y padre de nuestra hija, siempre ha estado presente, en cuerpo y alma, en la crianza de nuestra pequeña. Todavía me acuerdo a menudo de cuando se dormía la peque al pecho y el papá la cogía para que yo pudiese hacer otra cosa (ducharme, descansar, escribir…). Se tumbaba en el sofá con nuestra bebita (y no tan bebita) sobre su pecho, y ahí se quedaban los dos durmiendo. Era una estampa entrañable.

A pesar de todo lo que el papá jugaba con ella, paseaba con ella, dormía con ella, la porteaba, la dormía (una pequeña etapa)… a pesar de todo lo que hacía con ella, llegó un momento en que sólo quería que fuese y estuviese mamá. Empezó de repente. Papá no, mamá, y a mi se me caía el alma a los pies cuando renegaba una y otra vez de su padre, al mismo tiempo que comenzó una etapa bastante agobiante para mí en ocasiones.

Aunque  sabes que es una etapa normal en su desarrollo es duro cuando tu hijo no quiere saber nada de ti y pareciera que sólo exista mamá. Por supuesto no digo que esto fuese así las 24 horas, es decir, en cuanto se dejaba hacer por su padre y comenzaba a jugar con él disfrutaba enormemente de su compañía, pero luego volvía a su mamá y de nuevo no quería saber nada de su papá.

“Papá malo” comenzó a decir mi hija hace unos meses cuando no quería jugar con su padre, que la vistiera o cualquier otra cosa. Encima para rematar, con lo que el papá se esfuerza, resulta que es malo. Palabra que comenzó a usar con todo lo que no quería (salir a la calle, comer tal cosa, etc), por cierto, que no se de dónde la ha sacado, porque nosotros no la utilizamos para referirnos al concepto de maldad (si por ejemplo, cuando estamos enfermos-malitos). Cada vez que utilizaba esta palabra para referirse a algo que no quería o le decía eso a su padre nosotros simplemente la contestábamos diciendo que lo único que pasaba es que no le apetecía tal cosa o que papá estuviese con ella en ese momento. Y ahora ya, a no ser que esté enfadada o molesta por algo, nos dice que no le apetece.

Además nos dimos cuenta de que el hecho de que el papá trabaje no le gusta a la peque. A ningún niño le gusta que su papá se marche a trabajar, pero en nuestro caso era evidente, era como si se enfadase con él, porque al llegar de trabajar muchas veces pasaba olímpicamente de él, aunque luego se le fuese pasando. Sin embargo los fines de semana esto no ocurría. También influía el hecho de que en cuanto el papá llegaba era mamá la que se ponía a trabajar, y claro, si papá viene y mamá ya no me hace caso pues no quiero que venga papá. Pero dejando un margen de tiempo para estar los tres, la cosa ha mejorado notablemente.


Por supuesto no todo queda ahí, pues la peque va creciendo y nuestras relaciones van cambiando. Y retomando la otra parte del título del post, “papá no, papá sí”, todo llega. Y el día que por primera vez mi hija me dijo mamá no, papá, no pude evitar una mezcla de sentimientos contradictorios. Por un lado el sentir que puedo hacer otras cosas sin el agobio de tener a la peque siempre encima y por otro el sentimiento de rechazo y de pérdida de ser su centro. Una etapa más, en la que demuestra que se va haciendo mayor, poco a poco. 

viernes, 30 de septiembre de 2011

Conciliación Real Ya!


No se si habrá alguien que pueda tacharme de intrusa por lanzarme a la lucha de una Conciliación Real para madres, padres e hij@s, puesto que yo tengo la gran suerte de seguir con mi hija a sus 12 meses. Pero es que esta lucha nos concierne a todos, hombres y mujeres, mayores y jóvenes, porque todos nos vemos afectados, porque la base de nuestra sociedad son l@s niñ@s, el futuro. Si realmente queremos una soc
iedad mejor, más empática, más sana emocionalmente hablando, en definitiva, más feliz, tenemos que comenzar desde el principio, y ese principio son l@s niñ@s. Luchemos porque se conviertan en adultos libres, sin miedos, sin traumas, con una infancia con todas sus necesidades cubiertas, y lo más importante para lograr eso es poder estar con su madre (sobre todo) y su padre.


Con estos horarios que tenemos en este país es imposible conciliar. Mi experiencia laboral, de ocho horas, me tuvo casi siempre (hora más hora menos) once horas y media fuera de casa. A las ocho horas de trabajo le añadimos una hora para comer (qué suerte la mía que no han sido nunca dos o más), más dos horas y media (y me ajusto mucho) de ida y vuelta. ¿Qué tiempo me quedaría para estar con mi hija y mi compañero, si a esto le restamos las tareas domésticas ineludibles (comidas, higiene, compra)?

Lo que tenía muy claro es que si tenía un/a hij@ era para disfrutar con el/ella, sino ¿para qué iba a traer un bebé al mundo, para dejarle aparcado a las 16 semanas o con suerte (arañando horas de lactancia y vacaciones) seis meses? ¿Y luego qué, nos perdemos más de la mitad de su infancia mientras dejamos que otros les críen por nosotros?


Hay tantas cosas que no entiendo en estas leyes incongruentes que parecen diseñadas para máquinas…

Si la OMS recomienda lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida y después hasta los dos años como mínimo, ¿por qué no se facilita que la mujer pueda dar el pecho a su bebé?

Si está demostrado que el vínculo entre madre e hijo es fundamental para un sano desarrollo del menor, ¿por qué se les pretende separar a los tres meses y medio de vida? L@s niñ@s necesitan a su madre como mínimo hasta los dos años.

En vez de crear más guarderías públicas, ¿por qué no dar ese dinero (una ayuda) a los padres para que críen a sus hijos ellos mismo en casa?

Si un adulto enferma o tiene consulta en el médico puede justificarlo a la empresa, normalmente sin problemas. ¿Qué sucede cuando nuestr@s hij@s enferman o tenemos revisión con el pediatra? ¿Tenemos que pedirnos días de nuestras vacaciones (he visto muchos casos)? ¿No sería lo más normal que también por ley estas ausencias estuviesen más que justificadas?

¿Por qué no se incentivan otros tipos de trabajo? Teletrabajo, jornadas intensivas, horarios más reducidos…


Pero claro, por mucha ley que haya si luego no se cumple, nos ponen pegas, nos hacen la vida imposible o directamente nos ponen de patitas en la calle, esto no soluciona nada. No se puede tener miedo a que por hacer lo que realmente queremos (pedir media jornada, una excedencia, quedarnos simplemente embarazadas) vayamos a perder nuestro empleo.


Cuando yo me quedé embarazada de Minerva llevaba un mes trabajando en una nueva empresa. Los contratos me los iban renovando cada tres meses a través de una ETT. En el séptimo mes mi médica me dio por fin la baja. Aquí hago un paréntesis, porque este es otro tema. Hay mujeres que lo llevan estupendamente, con una energía que más quisiera yo sin estar embarazada, pero otras, sin tener problemas realmente serios como tener que guardar reposo, estamos agotadas, con mareos frecuentes, náuseas, ardores, dolores de espalda y un largo etc. y tenemos que aguantar distancias generosas hasta nuestro puesto de trabajo, estrés, largas horas sentadas o de pie que no nos benefician para nada, etc. El embarazado debería estar más cuidado en ese aspecto porque no todas aguantamos el mismo ritmo. Podría haberme cogido la baja de maternidad antes si estaba muy cansada, pero prefería aguantarme y reservarla para estar luego con mi bebé. El caso es que cuando a la semana de darme de baja médica se suponía que me iban a volver a renovar no lo hicieron. La gente a mi alrededor me decía que me informase para demandarles, pero entonces, acariciando mi barriga, me di cuenta de que me habían hecho un favor. Al tener derecho a paro podría disfrutar con mi hija las 24 horas, y aunque a día de hoy el paro se ha convertido en subsidio y las cuentas ya no salen en condiciones, nos damos cuenta de que tenemos lo necesario mientras buscamos alternativas a los trabajos tradicionales. Por supuesto no puedo evitar tener miedo, a que las cosas no salgan como esperamos, a que tenga que volver a incorporarme a los grilletes de los horarios eternos, o a que haya perdido el tren dada mi edad y el hueco en mi curriculum.


Yo quiero vivir y disfrutar de mi hija, de mi familia. Lo que ahora tenemos es una esclavitud encubierta bajo la liberalización de la mujer. Todo mentira. No tenemos ninguna liberta para decidir, primero porque la mayoría estamos con la soga al cuello y la decisión de dejar de trabajar uno de los dos cónyuges muchas veces es inviable económicamente, y segundo porque si elijo seguir trabajando porque mi trabajo me gusta y me siento realizada o realizado (también ellos, los padres, tienen derecho a elegir), quiero también poder ver a mis hij@s. Señores, ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?


Por eso quiero luchar junto a este grupo creado por y parar l@s niñ@s. ¿Cómo no hemos comenzado antes? Ira, del blog Mà a mà, pell a pell, cor amb cor., tuvo la iniciativa de embarcarnos en el sueño y la lucha por una Conciliación Real Ya!



¿Quieres luchar por los derechos de l@s niñ@s? Únete a nosotr@s. La unión hace la fuerza.


Grupo en facebook: https://www.facebook.com/groups/conciliacionrealya

Página en facebook: https://www.facebook.com/ConciliacionRealYa

En twitter: @Conciliacion_RY

domingo, 17 de abril de 2011

El papel del padre del bebé amamantado

La última reunión de La Liga de la Leche, a la que asistí el sábado junto con mi madre y la nena, me va a servir como escusa para escribir una entrada que debería haber escrito hace tiempo. El tema era el mismo que el del título de esta entrada.

Sabía de qué iba e intenté convencer al papá para que nos acompañase pero a él estas cosas no le interesan mucho, prefiere quedarse en casa limpiando y que luego se lo cuente yo. Igualmente sucede cuando intento que lea algún libro sobre crianza. Como él dice, prefiere ocuparse de la nena y no perder el tiempo con otras cosas.

El papá del bebé amamantado parece estar, al principio, relegado, pero no es así. No hay que olvidarse de ellos, porque su función es vital tanto para la mamá como para el bebé. Al bebé porque lo cuida y lo mima. Y a la mamá porque también la cuida y también la mima, además de apoyarla, porque a veces parece olvidarse que el bienestar del bebé está estrechamente relacionado con el bienestar de la madre, que es a la que más necesita y con la que normalmente pasa más tiempo en esos primeros meses.

La intención de esta entrada es dar las gracias a mi compañero de ruta y padre de nuestra hija. Quiero que sepa que aunque a veces parezca que no estoy conforme con nada de lo que hace es sólo porque soy muy pesada y le doy muchas vueltas a las cosas, y en ocasiones me agobio mucho. Quiero darle las gracias por el equipo que formamos. Quiero agradecerle todo lo que ha hecho y sigue haciendo para que mi papel como madre me sea mucho más fácil:

Estando a mi lado en todo momento durante el parto. Haciéndose cargo él solo de todas las tareas domésticas a la vuelta del hospital, y hasta hace casi bien poco. Trayéndome agua y dándome de comer mientras amamantaba a Minerva (en esas interminables tomas con pezoneras). Manteniendo siempre la calma cuando yo la perdía, cansada, desanimada y llorosa, con las hormonas revolucionadas, y pensando que todo ese mundo me superaba. Levantándose conmigo por la noche cuando le tenía que dar el pecho a Minerva para traerme los paños calientes, el sacaleches, el hielo, y por último de nuevo el sacaleches, cuando tuve la ingurgitación al poco tiempo de llegar a casa y más tiempo del que me hubiera gustado, hasta que el pecho pareció adaptarse. Levantándose las noches (incluso cuando ya había empezado a trabajar) que la nena no conseguía dormirse después de mamar para intentar calmarla y que yo pudiera descansar. Apoyándome siempre en todas las decisiones, aún cuando tenía y tiene sus dudas siempre somos una piña ante opiniones o consejos ajenos (siempre le termino convenciendo después de argumentarle gracias a todo lo que leo y las charlas a las que asisto). Por ser él el primero que insistía en que me metiera a la niña en la cama para darla el pecho, ya que ambas estaríamos mejor (a mi me daba miedo siendo tan pequeña al principio). Por ser el superpapá cuyo hombro o tripa son somníferos para Minerva. Por llevarse a la nena en la mochila a dar un paseo mientras yo intento descansar. Jugando con Minerva, haciéndola volar, tirándose en el suelo con ella, haciéndola reír, porque me encanta y disfruto viéndolos. Y por otras muchas cosas de las que ahora no me acuerdo.

Quiero agradecerle que sea el mejor padre del mundo.

Gracias Javi, sin ti no hubiera podido.