Llevo tiempo queriendo hablar sobre este tema, y es
que va pasando el tiempo y cada vez queda más lejos el día que empezamos con la
introducción de la alimentación complementaria, poco más de un año, quién lo
diría.
Como siempre digo, esta es nuestra experiencia, y si a
alguien le puede ayudar, fenomenal.
Minerva estuvo tomando pecho exclusivamente hasta los
seis meses. No le dimos nada antes, primero porque la recomendación de la OMS es esa, y segundo porque
no mostraba ningún interés por la comida cuando nos veía a nosotros. Quiero
aclarar que siempre ha permanecido junto a nosotros en las comidas, en la trona
modo hamaca cuando era más bebé (y no estaba durmiendo o en mis brazos tomando
teta mientras yo comía), e igualmente sentadita a la mesa en su trona cuando ha
sido más mayor. Esto para nosotros ha sido muy importante, que la nena haya
sido y siga siendo una más en la mesa, coma o no. El ejemplo, como siempre, es
fundamental, y el acompañamiento es indispensable. No me gusta cuando vamos a
casa de alguien y pretenden que los niños coman antes que los adultos, no es la
primera vez que oigo a alguna mamá comentar, por ejemplo, que su niño sólo
quiere desayunar con ella (junto a ella).

Unos días después de cumplir los seis meses empezamos
con la introducción de alimentos sólidos.
Creo que lo primero que le ofrecimos fue patata cocida. Y así
continuamos, dejando tres o cuatro días antes de ofrecerle un nuevo alimento,
con zanahoria cocida, pollo hervido (no tardamos en hacérselo a la plancha), brócoli
cocido, arroz cocido con un chorrito de aceite, plátano, pera, naranja, pan, tortitas
de cereales, etc, siempre ofrecidos de tal forma que ella fuese capaz de
agarrarlos, pues nuestra intención era ofrecerle y que ella decidiese si quería
o no comérselo. Este no fue exactamente el orden que seguimos, y es que es
indiferente, no está demostrado que haya que introducir antes un alimento que
otro, aunque se recomienda que se empiece por alimentos ricos en hierro, como
por ejemplo el pollo.
Hasta los nueve o diez meses no empezó a comer lo que
se dice comer (y aún así no eran “grandes” cantidades), daba algún bocadito si
le interesaba y poco más, la naranja por ejemplo le encantaba.
Nunca hemos tenido ningún problema de atragantamiento,
si alguna vez se metía más de lo que le cabía en la boca (eso ha sido cuando ya
era más mayorcita) simplemente lo echaba ella sola, y si se le quedaba algo en
la garganta tosía con fuerza y a seguir comiendo, ella nunca se ha asustado, en
todo caso algún adulto viéndola comer, al mismo tiempo que se asombraba de cómo
tan pequeña (con diez u once meses) comía ella sola con las manos y masticaba
la mar de bien, aunque apenas tuviese dientes, y es que con las encías se
apañan estupendamente.
Las únicas papillas que le hemos ofrecido fueron las
de cereales al principio y no las quería comer con cuchara, prefería bebérselas
en vaso y ni eso. O un potito en un par de ocasiones y no quiso saber nada. Las
papillas no son necesarias, es una opción, pero no la única, y para nosotros y
nuestra buhíta ha sido mucho más lógico, educativo y divertido hacerlo de esta
forma.
Hasta el año el pecho siempre fue el alimentos
principal, aunque según iban pasando los meses e iba comiendo algo más ya no me
obsesionaba tanto en darle primero pecho si en ese momento íbamos a comer y
Minerva hacia rato que no tomaba. A día de hoy sigue tomando toda la teta que
quiere y no es poca.
El pescado y el huevo, alimentos más alergénicos, los
introducimos alrededor de los diez meses. Antes del año había probado también
lentejas, garbanzos, paella… Sobre los once meses o puede que antes llegó un
momento que en casa cocinábamos una única comida (sin apartarle antes algún alimento), a la que no se le añadía sal.
Poco a poco fuimos empezando a echar sal a las comida después del año. A día de
hoy come de todo lo que comemos nosotros (siempre y cuando le guste), lleva
tiempo haciéndolo.
El tema de la alimentación nunca ha sido para nosotros
un tema de peleas o un momento desagradable, todo lo contrario, aunque no
quisiese pegar bocado. Si es verdad que haciéndolo de esta forma mancha mucho,
aunque imagino que con purés no será muy diferente, y en ocasiones cuando no ha
comido nada y sin embargo ha manchado mucho más me da rabia, pero es lo que
hay, es como aprenden, y doy fe de ello.
No le hemos dado otros lácteos a parte de la teta que
el queso. Hay gente que no lo entiende, tampoco yo entiendo que sea tan difícil
de comprender. Es nuestra elección, primero porque ya tiene cubiertas sus
necesidades de lácteos más que de sobra con la teta, y además de lo mejor, y
segundo, porque si yo intento comer los menos lácteos posibles desde luego no
se los voy a dar a mi hija. Tampoco le hemos dado gominolas, gusanitos,
bollería o chocolate, no me parece sano (a excepción de este último), y ya he
tenido que aguantar comentarios recriminatorios de “es que l@s niñ@s
disfrutan mucho con eso”, como si no tuviesen otras cosas con las que
disfrutar en la vida. Soy consciente de que mucha gente no lo entiende o no lo
comparte, cada cual hará lo que considere mejor, y nosotros preferimos esperar
lo máximo que podamos a ofrecerle ese tipo de cosas, porque además ya va siendo
más mayor y ella misma si te ve te pide. Las patatas fritas de bolsa le
encantan, en casa ha comido en contadas ocasiones (igualmente no me gusta, pero
ya se lo sabe, así que intento evitarlo), pero sobre todo las come cuando vamos
a casa de alguien y las sacan de aperitivo. Por otro lado, a veces le he
ofrecido comer de mi tostada de nutela (alguna mañana para desayunar) y no ha
querido, así que casi mejor.
Nunca la hemos obligado a comer, ni la hemos distraído
para que coma más, la hemos dejado seguir a su ritmo y ella sola ha empezado a
comer cuando ha estado preparada. Hemos respetado sus días de inapetencia, sus
gustos (no a todo el mundo le gusta comer de todo) y sus necesidades de
alimento, aunque no sean las cantidades que muchos consideran oportunas. Y
hemos confiado en ella para autorregularse y saber lo que necesita, y de hecho
nos lo ha demostrado cuando por ejemplo ante un cocido decide comerse sólo la
patatas (le encantan) y la carne, y sin embargo otro día sólo quiere los
garbanzos. Y es que ellos saben escuchar a su cuerpo y sus necesidades.
Con dieciocho meses y casi medio, es una niña sana y
feliz, que come sola en su plato, con sus cubiertos, aunque a veces necesite ayuda,
y desde luego está supervisada en todo momento, como os digo todas las comidas
las hacemos juntas.
Un libro que me abrió mucho los ojos fue “Mi niño no
me come” de Carlos González. En la
conferencia del año pasado en el I Ciclo Conociendo a Nuestros Hijos también pudimos
escucharle hablar sobre este tema. Y
os recomiendo también, para quien le interese el tema de la alimentación
complementaria a demanda (sin papillas) el blog de Eloísa,
Una maternidad diferente, donde nos habla del baby-led-weaning y nos da muchas ideas sobre los
alimentos que les podemos ofrecer sin recurrir a las papillas.