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jueves, 27 de octubre de 2011

Ni rabietas ni conflictos


Este último libro de Rosa Jové lo tenía en casa desde hace unos meses haciendo cola en la estantería, pues tengo tantos libros por leer, tantas cosas que quiero hacer y tan poco tiempo...

El caso es que no tenía mucha prisa por leerlo ya que como a Minerva todavía le quedan once meses para cumplir los dos años, esos que son tan conocidos por las temidas rabietas, pues pensaba que todavía tenía tiempo. Menos mal que, un poco inducida por los berrinches que en ocasiones acompañan a mi pitufa, decidí no posponerlo más, y comencé a leerlo en cuando acabé La maternidad y el encuentro con la propia sombra. Además, aprovechando que me lo llevé en un viaje que hicimos en coche de dos horas y media, y que Minerva fue durmiendo casi todo el camino, tanto a la ida como a la vuelta (ojalá siempre fuese así, porque la pobre lleva fatal los viajes en coche, y más si exceden de la media hora), pude leerlo enterito.

Y comentaba que menos mal que me lo he leído ahora porque, y mira que lo pone en la tapa del libro, trata los problemas de comportamiento de 0 a 12 años.


Algo que me ha gustado mucho del libro es que nos que dice hay que saber qué es ser un/a niñ@, porque de esa forma nos evitaremos muchos disgustos. Solamente con esta actitud del adulto cambia gran parte de la crianza y la convivencia con sus hij@s. Es normal que un/a niñ@ prefiera jugar, que interrumpa, que no pare quiet@, que grite o que no tenga noción del tiempo, entre otras cosas; es normal para su desarrollo y aprendizaje. Además hace una breve descripción de estas actitudes sanas y normales según sus edades, dedicando un capítulo a cada grupo de edad, de 0 a 18 meses, de 18 meses a 4 años, de 5 a 7 años y de 8 a 12 años.


Antes de que lleguemos a la rabieta sería conveniente seguir dos premisas, evitar y distraer. Si no ha sido posible, Rosa Jové recomienda tres puntos a seguir cuando l@s niñ@s ya hablan o entienden (sobre los 2 años aproximadamente):

- Comprender. Ponernos en su lugar y hacerles saber que comprendemos su postura.

- Educar. Una muy breve explicación de por qué deberían o no hacer lo que les pedimos.

- Elegir. Dar opciones para que ell@s elijan, o incluso que sean ell@s quienes propongan una nueva opción. De esa manera les enseñamos a tomar decisiones y a llegar juntos a un consenso.

Cuando l@s niñ@s todavía no hablan o no son capaces de razonar (proceso que comienza a partir de los dos años), sólo podemos permanecer a su lado. Nunca se debe dejar a un/a niñ@ sol@ en plena rabieta, precisamente cuando más nos necesita. Al mismo tiempo que le decimos que lo que ocurre es porque no nos entendemos pero que vamos a permanecer a su lado. Porque aunque no nos entienda del todo, el mensaje de que vamos a estar a su lado si le va a llegar.

La rabieta es una idea propia de un niño enfrentada a la idea que tiene el padre sobre cómo hay que hacer aquello. Y el niño, como no entiende lo que pasa, se ofusca y estalla emocionalmente.


Otra cosa que me parece muy importante y que se menciona en el libro es la seguridad en casa. En cuanto Minerva comenzó a desplazarse, primero gateando, luego alzándose y por último andando, quitamos todo lo que estuviese a su alcance y que pudiera resultar peligroso para ella, pusimos seguros en los enchufes, topes en las puertas, seguros en los armarios en los que no era conveniente que abriera, etc, y así tiene total libertad de movimientos sin necesidad de ir regañándola por tocar simplemente cualquier objeto que esté a su alcance y que por curiosidad seguramente cogería y sin querer podría romper o hacerse daño.


Rosa Jové nos transmite su total desacuerdo con los castigos, y con la violencia tanto física (cualquier tipo de golpe o cachete) como verbal (insultos, humillaciones, gritos, etc).

Todos nos equivocamos y l@s niñ@s, niñ@s son, mientras veamos el error como un fallo intencionado de nuestros hijos o lo vivamos como un fallo de nuestra pedagogía, será muy difícil educar desde el respeto.

La violencia es una falta total de respeto hacia quien va dirigida, además está demostrado que provoca alteraciones y secuelas imborrables. Hay violencias hacia l@s niñ@s por parte de sus padres muy sutiles y que además están muy aceptadas en nuestra sociedad, pero hay que ser conscientes de una vez que se trata de una falta total de respeto hacia nuestr@s hij@s. Ell@s nos necesitan, están aprendiendo, se están formado sus redes neuronales, no pueden defenderse (nosotr@s los padres somos sus protectores), y sin embargo, parece que sólo nos atrevemos a utilizar esa violencia contra ell@s, pues contra un adulto jamás se nos ocurriría, ¿por qué entonces contra los más débiles?


Tampoco está de acuerdo Rosa Jové en poner límites, sino que sólo se trata de educar a nuestr@s hij@s mediante unas normas (si son consensuadas serán mejor aceptadas por todos los miembros de la famila), unos valores y unos modelos. A mí personalmente no me ha gustado nunca la palabra límite usada para educar a l@s niñ@s, yo no quiero de ninguna manera que mi hija esté limitada.


Los conflictos son inherentes a la vida, por tanto no se trata de evitarlos, sino de saber manejarnos. Algunos consejos que se nos da en el libro para evitar conflictos con nuestr@s hij@s (cuando ya tienen más de cinco años) son, entre otros, educar mediante el ejemplo, que las normas sean consensuadas, se puedan debatir y cambiar, que se respete a todos los miembros de la familia (sin castigos ni violencia de ningún tipo) y que se tenga en cuenta que el juego es primordial para l@s niñ@s.


Otro libro que dejaré a mano por si necesito consultar algunas de las muchas anotaciones que siempre hago.

viernes, 14 de octubre de 2011

Una infancia feliz deviene en adultos felices


Hace unas semanas, cuando íbamos bañar a Minerva, se le cayó encima un cubito donde guardamos un par de muñecos de goma para el agu
a. Nuestro baño es minúsculo y sus juguetes para el baño los tenemos en un cubillo que cuelga de unas barras de la pared para las toallas. Nuestro error fue no preparar el baño, con sus muñecos ya en el agua, como hacemos siempre antes de entrar con la pitufa a la acción. Más que nada fue el susto que se llevó. Y claro, ese día quiso salirse pronto del agua.
Nosotros tenemos plato de ducha, en el que metemos una bañerita para que Minerva pueda estar un rato jugando en el agua. Tuvimos la mala suerte de que al día siguiente se puso de pie, como tantas otras veces, y al querer salir se escurrió y se hizo daño con el borde del plato de ducha. De nuevo el baño duró poco.
Al tercer día, cuando su padre se metió con ella al baño, todo ya preparado, jugando y riendo, nada más meterla en el agua comenzó a llorar a moco tendido, tanto que me asusté y acudí corriendo para ver qué sucedía. No quería bañarse. Estaba de pié, toda sofocada, pidiéndonos que la sacásemos de allí. Y eso fue lo que hicimos.
Al día siguiente nada más darse cuenta de que la íbamos a bañar empezó a protestar y con sólo rozarle el agua ya estaba llorando. Me di cuenta de que había cogido miedo.
Con mucho cariño, traté de tranquilizarla, y se me ocurrió meter mi cabeza en su bañerita haciendo burbujas, haciendo la fuente, en fin, haciendo el ganso. Eso la hizo reír, y aunque conseguí que se sentara, entre juegos y risas, se notaba que todavía estaba alerta por lo que pudiera pasar. Quisimos que el baño no durase mucho para ir poco a poco.
El quinto día accedió a meterse al agua todavía un poco desconfiada, pero pronto pareció volver a disfrutar, salpicando, jugando y riendo. Con mucha ternura y paciencia logramos que olvidase las malas experiencias que le habían hecho reaccionar con desconfianza y miedo ante una situación que veía como desagradable, cuando siempre había sido todo lo contrario.

Todo esto que os cuento, me sirve para explicar, primero, que si les damos tiempo y mucho cariño podemos lograr que poco a poco dejen de temer algo que les desagrada haciéndoselo agradable. Y segundo, me sirve para explicar el tema de esta entrada, la memoria implícita.
La memoria implícita es el tipo de memoria que tienen l@s niñ@s hasta los 2 ó 3 años. Es una memoria en la que el/la niñ@ no tiene el recuerdo de lo que ha sucedido, sino que las impresiones que le han producido una determinada situación han quedado guardadas en su cerebro, y pueden ser determinantes para comportamientos futuros.
Minerva no recordaba que se le hubiese caído un cubito encima, sólo tenía la impresión, sin saber muy bien por qué, de que el baño no era un sitio seguro. Eso es lo que les ocurre muchas veces en la visita al pediatra después de haberles puesto las vacunas o ante una mala experiencia con el pediatra o la enfermera.
A partir de los 2 ó 3 años es cuando finaliza la mielinización del córtex cerebral, y es a partir de ahí cuando empezamos a tener memoria explícita, los recuerdos secuenciales de las cosas que nos van sucediendo.
Lo que hay que tener muy en cuenta es, que aunque antes de esa edad no tenemos recuerdos, sí se nos quedan grabadas impresiones que nos pueden hacer actuar en un futuro de determinada forma, y que las redes neuronales que se están formando pueden variar para bien o para mal, dependiente de si un/a niñ@ ha sido feliz o no en sus primeros años de vida.

En el último libro de Rosa Jové “Ni rabietas ni conflictos” podemos leer lo siguiente: Oliver Sacks: “En los dos primeros años de vida, aunque uno no conserva recuerdos explícitos, se producen recuerdos y asociaciones emocionales profundas en el sistema límbico y otras regiones del cerebro en donde se representan las emociones, y estos recuerdos emocionales pueden determinar el comportamiento de una persona para toda la vida”.
Por eso es fundamental procurar que la infancia de nuestr@s hij@s esté llena de amor, respeto y seguridad. En definitiva, preocupémonos por dar a nuestr@s hij@s una infancia feliz, qué padre no quiere eso para su hij@, y de esa forma conseguiremos que se conviertan en adultos felices.

martes, 7 de junio de 2011

Rosa Jové: La crianza feliz

Este sábado ha sido la última conferencia que la asociación Besos y Brazos ha promovido para dar difusión a la crianza respetuosa. Próximamente os hablaré de ella. Pero antes tengo que contaros la conferencia que dió Rosa Jové la semana anterior, y es que voy con retraso, “La crianza feliz”. Con esta conferencia, Rosa, completó el aforo del salón de actos.


Rosa Jové, además de madre de dos hijos, es socia fundadora de la fundación pro-lactancia materna de Lleida (Alleta), psicóloga clínica infantil y juvenil, especializada también en psicopediatría, responsable del programa de salud materno-infantil de UNICEF en LLeida, y actualmente está realizando un doctorado sobre el sueño infantil.

Comenzó la conferencia con un cuento para que entendiéramos que la historia siempre favorece a quien la cuenta. En la actualidad hay multitud de libros escritos por adultos para adultos. Pero para ver la historia de una manera objetiva tenemos que dejar de mirarnos el ombligo y verla desde el punto de vista de l@s niñ@s.

Para comprender mejor cómo actúan nuestr@s hij@s nos explicó un par de cosas:

- Que somos una especia altricial, es decir, que dependemos del cuidado de los demás para sobrevivir. Por eso los bebés que se sienten atendidos lloran menos que los que no lo están. Somos descendientes de llorones, nos dijo Rosa, y es que es la única manera que tiene un bebé de comunicarse.

- Que el cortex cerebral del recién nacido está inmaduro, y no estará completo hasta los 2 ó 4 años. El cortex cerebral es la parte del cerebro que regula las emociones, se encarga de la memoria, el lenguaje y el razonamiento. Por eso, antes de esa edad, no tienen memoria, ni lenguaje fluido, ni razonamiento. Por eso se desbordan en sus emociones. Y por eso, según Rosa Jové, la frase “cuanto antes… mejor” no vale; cada cosa debe ser a su tiempo. Rosa recalcó que un bebé de cinco meses está igual de preparado para dormir solo que para quitarle el pañal.

He de decir que quienes se hayan leído su libro “La crianza feliz”, encontrarán que todo esto les es familiar. Si bien es verdad que la conferencia fue más o menos un resumen de su libro, me gustó poder escucharla en persona. Siempre se aprende algo nuevo, y más aún con lo que pudieron aportar algunas de las preguntas que le hicieron al final de la conferencia (la ronda de preguntas duró casi más que esta).

De 0 a 6 meses el bebé necesita sentirse valioso. Necesita sentirse igual que cuando estaba en el útero materno, donde no pasaba frío, ni hambre, oía el latido y la respiración de su madre, y estaba constantemente abrazado y mecido. Si no le damos lo que necesita podemos crearle inseguridad y baja autoestima.

Harry Harlow demostró la necesidad de contacto, para un adecuado desarrollo social y cognitivo. Realizó el experimento poniendo a un monito con dos madres artificiales, una de peluche y otra de alambre pero con dispensador de alimento El monito quedaba aferrado a la mamá de peluche y solo se acercaba a la otra cuando estaba hambriento.

De 7 meses a 2 años el/la niñ@ necesita sentirse respetad@. No hay que forzarles, cada un@ lleva su ritmo. Por ello sería bueno conocer los periodos de tiempo en los que es normal que hagan ciertas cosas (andar, dejar el pañal, etc). En esta etapa hay que tener en cuenta:

- La angustia de separación. Es importante que el bebe cree un vínculo con su madre, que esté apegado a ella. Esto es el principio de la diferenciación social. Si han tenido un vínculo seguro sabrán diferenciar quienes merecen la pena y quienes no.

- La alimentación complementaria. No obligar nunca a comer a l@s niñ@s. Rosa no hizo mucha mención al respecto ya que Carlos González nos habló de ella en la anterior conferencia.

- El control de esfínteres. Es normal que no controlen el pipi hasta que cumplen los cinco años o la caca hasta los cuatro, a partir de esas edades estaríamos hablando de enuresis y encopresis, respectivamente. Rosa aconsejó quitarles el pañal cuando veamos que están preparados (tanto de día como de noche, aunque esto matizó que es preferencia suya, pues lo notan y asocian más). Si se van haciendo pis y caca por todos lados es indicio de que la cosa va viento en popa, pues en el caso de que se escondan o lo retengan indica que no están preparados, les volveríamos a poner el pañal y lo volveríamos a intentar más adelante. El adulto que nos dice que nuestr@ hij@ va atrasad@ porque todavía lleva pañal (hasta los cinco años ya hemos dicho que es normal) habría que advertirle que el atrasado es él en conocimientos (me gustó este argumento, pero espero no tener que utilizarlo en un futuro).

- El sueño. Es un proceso evolutivo desde que estamos en el útero materno hasta el final de nuestras vidas. Todos tenemos despertares nocturnos, de ocho a diez cada noche, tanto adultos como niñ@s, la diferencia es que nosotros ya lo tenemos controlado y ell@s están aprendiendo. Es un mito que los niños duerman como los adultos, que duerman del tirón, que todos dormimos igual (de 7 a 8 horas, por la noche) y que los niños necesiten rutinas (no hay estudios científicos que digan que las rutinas son malas, aunque tampoco lo contrario).

El colecho es una práctica mayoritaria en todo el mundo, del 97% en Japón, del 92% en Noruega, Suecia y Dinamarca, y del 54% en los países donde menos se practica (España, Francia, Italia, EEUU y una parte de Canadá).

La creencia de que el colecho es una práctica minoritaria se da en los países donde las farmacéuticas y las empresas de puericultura tienen mucho peso. Éstas pretenden vendernos (y de hecho consiguen engañarnos muchas veces) trozos de papá y mamá de silicona, que reproducen sonidos de nuestra respiración o ritmo cardiaco, que les mecen… como si esos sustitutos fuesen mejor que sus propios padres.

Hizo mención también, como no podía ser menos, al daño que hacen los métodos de adiestramiento (en nuestro país el más conocido es el de Estivill, y es que en este método, que venden como una ayuda para que los padres enseñen a sus hij@s a dormir, se han ido copiando unos a otros con el único objetivo de enriquecerse a costa del dolor de l@s más pequeñ@s). El dejar a un/a niñ@ sol@ a oscuras le produce terror. Si no atendemos su llamada se producirá un aumento de la adrenalina y el cortisol (este mata neuronas). El sistema emocional se colapsa y el área del lenguaje queda anestesiada. En ese estado no puede entender nada, por mucho que nos empeñemos en decirle que todo irá bien. Como el cerebro no aguantaría esto, secreta endorfinas y serotonina, con lo que el/la niñ@ cae rendid@ y se duerme. Pero no hay que confundir esto con que el método haya funcionado y haya aprendido algo, todo lo contrario, el/la pequeñ@ está autodrogad@. Y con el tiempo dejará de protestar porque se dará cuenta de que no sirve de nada, pero los niveles de cortisol seguirán por las nubes, porque seguirá estando asustad@. El cerebro del/a niñ@ a esas edades no está preparado para gestionar su bienestar, y un estrés constante conduce a la depresión, ansiedad y consumo de alcohol en la edad adulta.

De 2 a 5 años el/la niñ@ necesita ser comprendi@. De los 2 a los 4 años es cuando surgen las rabietas, sus ideas chocan con las de los padres. Lo mejor aquí es evitar y distraer, pues con 2 años no están preparad@s para razonar. Luego podremos ir poco a poco intentando razonar con ell@s, siempre mediante tres pasos, compresión, educación y elección. Tenemos que hacerles ver que les entendemos en su postura (comprensión), explicándoles lo que hacemos nosotros (educación) y dándoles alternativas para que aprendan a elegir (elección). Uno de los ejemplos que puso Rosa fue, (el/la niñ@ no quiere comerse la verdura) “No te apetece comerte la verdura, ¿verdad?, están mejor los macarrones que hace mamá. Pero ya sabes que en casa comemos verdura dos veces a la semana. Así que, ¿te la comes y luego eliges el postre, o te comes la mitad y para compensar luego te tomas una manzana?”. Suena muy bien, pero no se por qué me da que en la práctica no es tal fácil.

Por último dejó claro que igual o más importante que todo lo anteriormente expuesto son los modelos que los padres transmitimos a nuestr@s hij@s. Es fundamental que seamos coherentes a la hora de educarles, si nosotros hacemos una cosa y a ell@s les intentamos enseñar otra, como mínimo les estaremos confundiendo.


“Un comportamiento tiránico para con los niños crea tiranos. La indiferencia hacia el llanto del niño creará adultos indiferentes no solo al dolor, sino a la simple existencia del otro” Ferran Grau Codina

lunes, 9 de mayo de 2011

La crianza feliz

Tras leer “Dormir sin lágrimas”, me decidí a leer este otro libro de Rosa Jové. Me ha gustado más de lo que esperaba, y estoy deseando asistir a la conferencia que dará el próximo día 28 de mayo, organizada por la asociación Besos y Brazos. El título de la ponencia es el mismo que el de su libro, “La Crianza Feliz”.

Trata todos los temas sobre crianza de niñ@s de cero a seis años, de hecho ya el título nos dice “cómo cuidar y entender a tu hijo de 0 a 6 años”. Para mi eso es lo más importante, entender todas las etapas por las que pasan nuestr@s hij@s y verlas como normales y no como una patología. Se trata por tanto de acompañarles, entenderles, comprenderles y sobre todo, Rosa Jové hace incapié, respetarles. Porque cada niño es diferente, tiene sus propias necesidades y ritmos, y necesita transitar una serie de etapas, más o menos difíciles, para su maduración.

Nos habla de todo un poco, de la alimentación complementaria, del chupete, del pañal, el sueño, el sexo en l@s niñ@s, las rabietas, los celos, etc. Y para ello tiene en cuenta a los padres, profesores, sanitarios y sociedad en general, porque de nosotros depende que tengan una crianza feliz.

Según palabras de Rosa Jové:

“La crianza feliz es una forma de crianza que tiene en cuenta en todo momento las necesidades del niño –no sólo físicas, sino también emocionales-, entendiendo que estas necesidades deben ser atendidas, de forma que respete al bebé como persona que es. Cuando la familia está en sincronía y convive armoniosamente, sin odios ni temores, hay felicidad. Y cuando eso lo aplicas a la crianza, tendrás una crianza feliz.”

Me gustó además la distinción que hace según edades:

- De 0 a 6 meses, período del hábitat preservado. Proveerle al bebé de todas sus necesidades como cuando estaba en el útero materno, calor, alimento y contacto. De esta manera le haremos sentir valorado.

- De 7 a 24 meses, período del tiempo respetado. Tenemos que respetarles sus ritmos, en la alimentación complementaria, la deambulación, la superación de la angustia de separación y el control de esfínteres. Conseguiremos de esta manera que se sienta considerado y que tenga una sana autoestima.

- De 2 a 4 años, período de la comprensión. Es la etapa de las rabietas, hay que tener paciencia y entenderlos aunque no aceptemos lo que hacen.

- De 4 a 6 años, período de la distancia emocional asimilable. Muchos niños tienen miedo al enfrentarse por primera vez a una cosa.

Conociendo esto es más fácil entenderlos y ayudarlos en la medida de lo posible.


No se me ha olvidado. Tengo pendiente una entrada sobre la conferencia que dio este sábado Carlos González sobre “Alimentación Complementaria a Demanda”.

lunes, 21 de febrero de 2011

La Liga de la Leche. El sueño con un bebé en casa

Después de haberme leído el libro de Rosa Jové, Dormir sin lágrimas, no tenía muchas dudas sobre el sueño infantil. Pero como siempre se aprenden cosas nuevas, nos acercamos el sábado a otra reunión de La Liga de la Leche.

Allí todas las mamás de niñ@s más mayorcitos desterraban la idea de que los bebés tienen que dormir de seguido. De hecho alguna vez he escuchado a alguna mamá “pues mi niñ@ me aguanta toda la noche”, y eso quiere decir sin despertarse (al menos que ella sepa) y sin comer nada, pobre.

La mayoría de las mamás comentaban que según van siendo más mayorcitos se despiertan más. A los cuatros meses se despiertan más a menudo y a los seis se despiertan todavía más veces. Esto, como explica Rosa Jové, en el mencionado libro, es normal y es debido a que al tener más fases de sueño (al nacer sólo tienen dos, hasta adquirir las cinco fases de los adultos) se despiertan más veces.

El problema no suele ser del bebé sino de los adultos. Con bebés con patrones de sueños similares, preguntando a los padres, se ha observado que mientras unos se quejan de lo poco y mal que duerme su hij@, otros están tan contentos con lo bien que duerme su bebé.

Ell@s suelen dormir lo que necesitan, otra cosa es que a nosotros no nos venga bien.

Así que mi nena duerme bien. No es una niña que duerma mucho. Ahora le cuesta bastante dormirse a la hora de acostarse. Se despierta por las noches, unas más otras menos. Pero todo esto es normal, por mucho que a mi alguna vez me pueda fastidiar

Aquí os dejo, como siempre, el resumen de ese día:

“1. El sueño infantil: Existen muchos mitos alrededor del sueño infantil. Conviene conocer que es un proceso evolutivo al igual que andar o controlar los esfínteres. El sueño infantil no será similar al del adulto hasta los 5 ó 6 años.

- Los tres primeros meses: El sueño en esta etapa se caracteriza porque el bebé hace siestas cortas con despertares frecuentes. Esto se debe a que necesita comer a menudo. Además el bebé aún no distingue el día de la noche.

- De 4 a 7 meses: El bebé comienza a dormir algo más de noche que de día. Alrededor de los 6 meses comienza a adquirir más fases de sueño lo que hace que su sueño sea más inestable.

- De 8 meses a 2 años: Se trata de una etapa de maduración. El momento del sueño es temido en muchos casos y además suele ser muy inquieto. Es una etapa de grandes cambios: andar, explorar el mundo por sí mismo… en esta etapa necesitan mucha seguridad y tener la certeza de no estar solos.

- De 3 a 6 años: En esta etapa suelen dejar de dormir la siesta. Como la anterior se trata de una etapa de maduración personal. Hacia los 5-6 años su sueño será similar al del adulto.

Parafraseando a Rosa Jové en su estupendo libro: Para dormir como un mayor ¡hace falta serlo!

2. Problemas:

- Falta de información: Como en tantas situaciones, la falta de información nos puede llevar a pensar que nuestro hijo tiene un problema cuando no es así. Recomendamos encarecidamente la lectura de un buen libro sobre sueño. El de la doctora Jové es excelente.

- Falta de sincronía: En muchos casos creemos que nuestro hijo tiene un problema y lo que ocurre es que simplemente no se ajunta los patrones de sueño que a nosotros nos vienen bien. Ya sea por nuestro trabajo o nuestras costumbres. Antes de tratar de instaurar un horario rígido y estricto, conviene pensar si lo hacemos por nuestro hijo o por nosotros.

- Convertir lo normal en un problema: Cuando conocemos el patrón de evolución normal de sueño de los niños, muchas dudas y preocupaciones se disipan. Si sabemos que a la edad de nuestro bebé son normales los despertares frecuentes dejaremos de preocuparnos y no veremos un problema donde no lo hay.

3. Soluciones: Ojalá tuviéramos una varita mágica. La única solución es dejar pasar el tiempo y respetar la maduración de nuestros hijos. Una actitud positiva de respuesta hacia sus necesidades es fundamental para que ese proceso se desarrolle con normalidad. La lactancia nos ayuda en esta tarea pues nos permite satisfacer las necesidades de nuestros bebés de una forma rápida, cómoda y amorosa, también por la noche. Muchas madres encuentran que compartir la cama con sus hijos les ha ayudado a dormir mejor en estos primeros momentos de sus vidas.

El colecho es seguro siempre que se cumplan ciertas normas básicas: La cama no tiene un colchón demasiado blando o de agua. Los padres no fuman ese cuarto (a ser posible en toda la casa), ninguno de los padres sufre obesidad severa. Ninguno de los padres está bajo los efectos del alcohol o de somníferos. No se debe arropar al bebé en exceso. No se debe dormir con un bebé en el sofá.

Para finalizar, conviene recordar: Somos padres tanto de día como de noche

Bibliografía: “Dormir sin lágrimas” Rosa Jové. Editorial La Esfera de los libros”

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Dormir sin lágrimas

Suelo leerlo mientras le doy el pecho, siempre cuando está tranquila y medio dormida, porque a veces, como no le esté prestando toda mi atención se enfada. Así que lo leo a ratitos.

El título completo es: Dormir sin lágrimas. Dejarle llorar no es la solución. Todo lo que hay que saber para resolver los problemas del sueño infantil.

Su autora, Rosa Jové, nos viene a decir que el sueño es un proceso evolutivo, con lo cual no podemos pretender que un bebé o un niño duerma igual que un adulto, de hecho hasta los 5 ó 6 años no tendrán un patrón de sueño como podemos tenerlo nosotros. Además no hace falta que le enseñemos a dormir, como pretenden algunos (Dr. Estivill) porque ellos ya saben hacerlo, ya dormían en nuestra barriga.

¿Que se despiertan por la noche? Nosotros también lo hacemos, y unas cuantas veces, pero estamos acostumbrados y nos volvemos a dormir sin darnos cuenta, a no ser que algo nos desvele; pero a parte de que ellos todavía están aprendiendo, necesitan despertarse entre otras cosas para asegurarse el alimento.

Esto en lo que dicen de ella en la contraportada del libro:

Rosa Mª Jové Montanyola (Lleida, 1961), licenciada en Historia y Geografía y en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, está especializada en psicología infantil y juvenil y en psicopediatría (bebés de 0 a 3 años). Presidenta de la delegación de Lleida del Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya y responsable del programa de salud materno-infantil de UNICEF en Lleida, desde 1994 es reponsable del gabinete de psicología del Centro Médico CMS en Lleida, así como en Barcelona.