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domingo, 21 de julio de 2013

Los niños son pequeños dictadores

Tenía para hoy otro post ya escrito sobre lactancia y vuelta al trabajo. Pero tras la charla mantenida este fin de semana con unos amigos necesito escribir estas líneas. Digamos que nuestra manera de criar a nuestros hijos, e incluso la idea que tenemos sobre lo que es ser un niño, no tiene nada que ver. Este fin de semana ha sido la primera vez que raíz de un tema han salido todas nuestras diferencias y hemos tenido un debate tras el cual por un lado me he alegrado de  haber aportado mi visión y mi (creo) granito de arena, pero no he podido evitar también quedarme con un halo de tristeza, por ese concepto tan extendido e irreal que se tiene de los niños.

No era la primera vez que nos daban a entender que, según el comportamiento de nuestra hija, había que hacer siempre lo que ella quería. Todo porque tras aguantar estoicamente sentada durante un buen rato en la mesa de una terraza se quería levantar y llevar al papá por donde ella quería (al papá no le importaba lo más mínimo darse un paseo con su hija). Entonces ante la frese “Los tiene bien puestos” (refiriéndose a mi hija, una niña que en septiembre cumplirá tres añitos) me salió un rotundo “¡Claro! Sabe muy bien lo que quiere” (y así quiero que siga siendo).

La conversación comenzó entonces con los motivos que teníamos para no llevarla al cole este año (precisamente la semana pasada hablaba de este tema) y desencadenó en el famoso cachete a tiempo. A pesar de ser una conversación de lo más tranquila noté que el otro papá, una persona que por costumbre  suele decir lo que piensa, al cabo de un ratito de conversación se mantuvo en silencio, lo cual (quizás me equivoque) me llevó a pensar que no le estaba gustando lo que estábamos diciendo (yo y mi compañero de ruta), que no era otra cosa que hacerles entender el sinsentido de pegar a un niño por pretender educarle.

Llegados al punto de “los niños son pequeños dictadores” traté de explicar que los niños nos necesitan, que dependen de nosotros, que los frecuentes despertares nocturnos son normales y ni mucho menos lo hacen para fastidiar, que las rabietas son necesarias para su correcto desarrollo, que con tres o cuatro años no podemos esperar que hagan todo lo que les decimos y mucho menos que tengan totalmente integradas las normas sociales (dar besos siempre, compartir, estar sentado cuando yo lo digo, no pegar cuando se enfadan , etc, etc) ya que están en pleno proceso de aprendizaje y desarrollo y les tenemos que repetir las cosas las veces que haga falta sin llegar a faltarles el respeto.

He buscado la definción de dictador y esto es lo que he encontrado según la RAE:
dictador, ra.
(Del lat. dictatōre[m]).
1. m. y f. En la época moderna, persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos extraordinarios y los ejerce sin limitación jurídica.
2. m. y f. Persona que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás.
3. m. Entre los antiguos romanos, magistrado supremo y temporal que uno de los cónsules nombraba por acuerdo del Senado en tiempos de peligro para la república, confiriéndole poderes extraordinarios.

Teniendo en cuanta la segunda acepción, ya que las otras se alejan de lo que estamos tratando, pregunto, ¿tienen los niños la autoridad o por el contrario somos los adultos quienes la tenemos y en ocasiones abusamos de ella? ¿Quién es entonces el dictador?


Y este post viene para explicar algo que dije y que creo que no quedó claro. Ningún niño pide lo que no necesita. Y no me refiero con esto a pedir cualquier cosa material, una golosina o el juguete de otro niño, por poner unos ejemplos. Me refiero a que cuando un niño llora, cuando pide brazos, cuando se despiertan mil veces por la noche, cuando llaman nuestra atención, nos están diciendo que nos necesitan, que les hagamos caso, que sin nosotros no sobreviven, que nos quieren.

La frase “los niños no piden lo que no necesitan” puede llevar a malinterpretaciones. De hecho la conversación giró hacia los niños que de más grandes se convierten en unos déspotas, en adolescentes conflictivos o incluso en adultos que pegan a sus padres, por no haberles dado un cachete a tiempo o por haberles permitido hacer “todo lo que quieren”. No me canso de insistir que un niño al que no se le ha negado nunca el cariño y al que siempre se le ha atendido cuando lo ha pedido no se convierte en agresivo. La agresividad viene por lo contrario, por no hacerles caso porque sólo quieren llamar la atención, por poner distancia cuando nos necesitan,  por creer que pegándoles les estamos enseñando a comportarse, por darles cosas materiales en sustitución de nuestro cariño, por falta de amor, por violencia, por falta de respecto, y podría seguir. Esa frase se refiere a que su demanda de contacto, de presencia y de cariño por nuestra parte, siempre está justificada.

Me da la impresión de que piensan que por criar de forma  “diferente”,  respetando las necesidades y los ritmos de nuestros hijos, teniéndolos en cuenta siempre, dejándoles que se expresen o no obligándoles a hacer nada con su cuerpo que no quieran, criamos a pequeños déspotas que hacen lo que quieren. Y no pueden estar más lejos de la realidad. A nuestra hija no le permitimos que dañe a otros ni a si misma, no accedemos a sus peticiones de comprar cualquier cosa que desee (que por otro lado no suele ser muy a menudo), no le dejamos hacer cualquier cosa en la que corra peligro (como cruzar una carretera sin que vaya de la mano y sin haber mirado previamente si viene algún coche), aprende de nosotros en cada momento el respeto y las normas sociales (tan cotizadas), además de todas las frustraciones que se le presentan de manera natural en la vida. Lo que de ninguna manera vamos a negar nunca a nuestra hija es nuestro cariño y comprensión.

Por supuesto, llegamos a una conclusión conjunta, y es que la crianza no siempre es fácil y cada familia lo hace lo mejor que sabe y puede.



¿Qué pensáis vosotros, son los niños pequeños dictadores o pecamos demasiadas veces los adultos de prepotentes?