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jueves, 6 de abril de 2017

Yo decido, tú decides

Hoy no vengo a dar respuestas, sino más bien a realizar preguntas.

Hoy necesito escribir estas palabras no sólo por mí sino por todas las madres a las que escucho el mismo motivo de desahogo.  Se sienten juzgadas en su maternidad y su crianza. A mí como madre también me pasa. Y sin embargo lo que necesitamos es apoyo.





¿Por qué la gente se mete donde no la llaman? ¿Por qué me dicen lo que tengo que hacer con mi parto, mi lactancia, mi cuerpo, mis hijos, mi vida?


¿Por qué en la crianza todo el mundo opina y cree saber mejor que tú cómo criar a tus hijos?


¿Por qué la gente se ofende cuando nos salimos de lo que se suele hacer? O afinando más la pregunta… ¿Por qué se ofende cuando no lo hacemos como ellos?


¿Por qué especialmente en el postparto (una etapa muy delicada donde la mamá necesita mucho apoyo, no sólo logístico sino también emocional) en vez de apoyar a la reciente mamá, la machacamos contradiciendo y poniendo en duda su manera de hacer las cosas?


Si yo no me meto con la crianza de los demás, ¿por qué los demás si se meten en la mía?


¿Por qué en vez de charlar tranquilamente entramos en una guerra de bandos y criticamos directamente sin dar ninguna oportunidad?


¿Por qué nos empeñamos en ofrecer consejos no pedidos?


¿Por qué nos cuesta tanto aceptar, escuchar y empatizar?



Y he llegado a la conclusión que la mayoría de las veces esto sucede por uno o varios de estos motivos:

- Disonancia cognitiva (en resumidas cuentas, justificar algo que en el fondo se sabe que “no está bien” para aliviar el conflicto que nos produce el pensar y actuar de forma diferente).

- Baja autoestima. Sentir que si yo lo hago diferente es que ellos lo hacen mal. Sienten que les llevo la contraria (aún cuando lo único que hago es vivir y dejar vivir) y entonces se ponen a la defensiva. Pero es que resulta que no todos tenemos por qué hacerlo igual.

- Culpa. Cuando vemos que la cosas se pueden hacer, o se podría haber hecho, de otra manera.  La culpa llama a la puerta. Pero en nuestra mano está aceptarlo y si queremos y podemos, cambiarlo; o atacar a esa persona que por hacerlo diferente nos pone en bandeja nuestros propios fantasmas.

- Mente cerrada. No aceptar que las cosas sean de otra manera, especialmente por miedo al cambio.

- Personalidad narcisista. Todo en la vida gira en torno a como yo hago las cosas, si no son como espero está mal.

- Dejarse llevar. No plantearse las cosas. Pensar que las cosas siempre se han hecho así y lo normal es que así sea.


Me planteo las cosas, leo, me informo, hago caso a mi instinto, no daño a mis hijos ni física ni emocionalmente (en este último caso al menos lo procuro) y decido lo que me parece mejor para mi familia. ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?


Tanto como asesora como madre no se me ocurre decirle a nadie lo que tiene que hacer. Como asesora informo y cada familia decide. Como madre me ocupo de mi vida, que ya tengo bastante.


Este post va dirigido especialmente para esas personas, familiares, amigos, conocidos, desconocidos, que se creen con derecho no sólo a juzgar sino a decirte lo que tienes que hacer o a opinar sobre la manera en que hacemos las cosas en mi familia.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El puerperio perdido

El post de hoy lo escribo no sólo como profesional sino como madre puérpera. Este puerperio está siendo muy diferente al de mi hija mayor. Sin embargo hay muchas cosas en común. Y encontrándome ahora mismo inmersa en mi puerperio, me apetece mucho hablar sobre este estado, en el que demasiadas veces nos sentimos "raras" y abrumadas. 


El puerperio es un estado de fusión mamá y bebé que comienza con el nacimiento del bebé. Puede durar alrededor de dos años más o menos, depende de cada caso. Aunque se solía decir que el puerperio duraba la cuarentena. Pero esas 4 ó 6 semanas es el tiempo en el que estamos con los loquios.

La necesidad mutua mamá y bebé va mucho más allá.

Nuestro bebé, como mamífero y ser altricial, necesita nuestro cuidado para su desarrollo a todos los niveles. Por otro lado, nosotras sentimos el instinto de cuidar y proteger a nuestro bebé, y nos cuesta separarnos de él. Y esto es normal y deseable.

En esta etapa mamá y bebé estamos conectados como si fuésemos un único ser, como prácticamente lo fuimos durante los nueve meses de embarazo. Por eso decir que el puerperio se reduce a la cuarentena es simplista. Esta afirmación sólo tiene en cuenta el factor físico de la mamá.

El puerperio es una etapa delicada, donde estamos más sensibles, receptivas y al mismo tiempo introspectivas. En ese estado de vulnerabilidad emocional, por un lado pueden surgir temas no resueltos de nuestra vida. Por otro lado, esa sensibilidad a flor de piel nos hace enfocarnos hacia nuestro bebé, con el objetivo de atender sus necesidades.

La naturaleza es sabia. No lo es tanto una sociedad que no cuida esa díada madre/bebé, promoviendo desde bien temprana su separación.

El puerperio viene determinado en gran medida por cómo hemos vivido nuestro embarazo y nuestro parto. Si hemos sido conscientes en cada una de estas etapas de nuestra sexualidad y las hemos disfrutado, llegaremos más “serenas” al puerperio. Pero  sólo cada una de nosotras sabe realmente lo que carga en su propia mochila.

De ahí que cada una lo vivamos de una forma determinada y nuestro puerperio dure más o menos.


Además de estos factores también están los externos, los que nos sacan de nuestro mundo puérpero.

En nuestro mundo de madre puérpera no hay prisas, todo va como a cámara lenta. El protagonista es nuestro bebé, alrededor del cual giran la mayoría de nuestras preocupaciones y conversaciones. Nos sentimos en un estado que no todo el mundo entiende. De ahí que nos sintamos cómodas junto a otras madres en la misma situación.

Por eso, el tener que separarnos por obligación de nuestro bebé nos arranca de nuestro mundo puérpero. Tener que abandonar (así lo sentimos) a nuestro bebé nos duele horrores, porque es antinatural.

El trabajo, las prisas, el estrés, la convivencia exclusiva con personas de “mundos diferentes” (en otras etapas de su vida), opiniones o consejos no pedidos, otras preocupaciones u ocupaciones, no sentirnos apoyadas…

Todo esto nos saca muchas veces de nuestro mundo puérpero. Y  entonces, desconcertadas, en ocasiones podemos sentirnos desconectadas de nuestro bebé y agobiadas.

Esto puede ocurrir porque nos obligan, o nos obligamos, a estar en un mundo que aún no nos corresponde, por el bien de nuestro bebé y el nuestro propio. El mundo mamá/bebé es cálido, emocional, empático y único. Lo demás es como salir a la selva.

Porque todo llega y todo tiene su tiempo, disfrutemos momentos que no volverán.


El puerperio no desaparece de un día para otro, sino que lo hace poco a poco, según van surgiendo otras necesidades tanto en nosotras como en nuestro bebé.

Nuestro pequeño es cada vez más autónomo y necesita reafirmarse como ser independiente de nosotras. Esto suele ocurrir en torno a los dos años.

Por otro lado nosotras comenzamos a interesarnos por temas ajenos a la crianza de nuestros hijos y tenemos la necesidad de volver a sentirnos mujeres y no sólo madres.


El fin del puerperio supone un duelo de sentimientos encontrados. Termina una etapa y comienza otra.


Cuéntame, ¿sentiste claramente cuando tu puerperio llegaba a su fin?


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Si tienes alguna duda puedes escribirme a info@soniandoduendes.com. Si lo que necesitas es una asesoría, ya sea online o a domicilio puedes ponerte en contacto conmigo en el ese mismo mail.

martes, 11 de noviembre de 2014

Sanar heridas

El mundo emocional es muy amplio y por desgracia no suele estar muy bien cuidado, de hecho en ocasiones ni siquiera lo reconocemos. Cada vez que somos madres, tras el parto, se abre ante nosotras nuestro mundo emocional, junto con nuestros duelos y temas pendientes. Algunas mujeres permitimos que todo salga, a otras se nos cuela sin poder evitarlo y otras preferimos cerrar la puerta y seguir sin querer saber – reconocer. Es por eso que en ocasiones algunas mujeres llegamos del parto desconcertadas por todo lo que sentimos y lo que nos llega del pasado.


Del mismo modo que nos abrimos para dar a luz, nos abrimos a la maternidad y nos abrimos al mundo de los sentidos y las emociones. Es sin duda un momento importante y que podemos aprovechar para sanar heridas y cerrar etapas, lo cual no quiere decir que sea siempre fácil. Muchas veces con lo que nos encontramos no es de nuestro agrado.

Y al mismo tiempo que nos reencontramos con partes olvidadas o relegadas de nuestra vida, nos encontramos con nuestro bebé en brazos demandando lo que le corresponde. Teniendo además que lidiar con unas expectativas enfrentadas con la realidad, en cuanto a nuestro parto, nuestra lactancia, nuestro bebé, nosotras como madres, el apoyo de nuestra pareja y el entorno, y cada etapa en la crianza de nuestros hijos.

Las cosas no son siempre como imaginamos o deseamos, no podemos controlarlo todo. Así muchas mujeres quedamos heridas por un parto no respetado, una cesárea inesperada, una lactancia frustrada, una patología de nuestro bebé, una pareja distante, una depresión postparto, la imposibilidad de estar más tiempo con nuestro bebé por los motivos que sean, y así podría continuar. Y cada una de nosotras tratamos de superarlo como buenamente podemos y sabemos. A veces sanando una herida tratando de compensarlo con otro tipo de relación con nuestro bebé, otras veces hablándolo y pidiendo ayuda, y otras negándolo y rechazando a quienes han disfrutado de lo que nosotras no pudimos. Creo que no hace falta decir cuál de estas actitudes resulta más dañina tanto para nosotras, como para nuestro bebé y las personas que nos rodean.

Una herida ocultada no es una herida sanada. 
Una emoción retenida, frustrada o negada, es asegurarse una futura y dañina explosión, en el momento más inesperado e inoportuno.

Mi recomendación siempre es buscar ayuda y por supuesto no negarnos a nosotras mismas. Puede ser un psicólogo, una doula, una asesora continuum o simplemente asistir a un grupo de apoyo, donde podamos expresarnos con libertad y compartir experiencias con otras mujeres en situaciones parecidas, o no, a la nuestra.

El trabajo de crecimiento personal y sanación de nuestras heridas es un proceso largo, no es sencillo, pero si deseable para nuestra salud. Como asesora en maternidad y crianza no podría asesorar a otras mujeres sin antes sanar mis heridas, especialmente las acontecidas durante mi maternidad. No podría asesorar, por ejemplo, a otra mujer para el momento de su parto, si yo no he superado el mío.

El mundo emocional es fundamental para nuestro bienestar. Del mismo modo que cuidamos el de nuestros hijos debemos cuidar el nuestro. Es la mejor forma de dar ejemplo. Y recuerda que lo que no permitas salir ahora, saldrás antes o después, y puede que no lo haga en el mejor momento.


¿Te viste asaltada en el postparto por temas pendientes?


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domingo, 12 de enero de 2014

Imprescindible saber sobre maternidad y crianza

Cuando comencé el blog hace ya más de 3 años no me imaginaba todo lo que iba a aprender durante mi camino como madre, como bloguera, y ahora como asesora en maternidad y crianza. Mi intención, al comenzar el blog, siempre fue (y sigue siendo) aportar información a otras familias, pero especialmente a otras madres, que se encontrasen con dudas o falta de apoyo en su inicio a la maternidad o durante la crianza de sus hijos.

Son muchos los post que he escrito desde entonces, con información contrastada, experiencias propias, vivencias del día a día, aprendizaje continuo… y es mucha la información que he ido acumulando en estos años. Por eso hoy he querido recopilar once post imprescindibles sobre maternidad y crianza. Iban a haber sido diez, pero no he podido dejar fuera ninguno de los que he elegido, y os puedo asegurar que me gustaría haber incluido algunos más. Pretendo que esto sea un resumen, si buscáis cualquier otra información lo podéis buscar en la sección de "Etiquetas" en la columna de la derecha del blog. O si necesitáis que os asesore sobre algún tema podéis escribirme a info@soniandoduendes.com.



Son once post con información que a mi me hubiera gustado leer durante el
embarazo o en el postparto inmediato.

Práctica desaconsejada por la OMS pero que se sigue realizando, sin nuestro permiso, con demasiada frecuencia.

El contacto físico con nuestros hijos es crucial para el correcto desarrollo su cerebro.

Si tienes claro cómo quieres que sea tu parto puedes redactar tu propio plan de parto. Es nuestro derecho y el de nuestros hijos.

Son muchas las dudas que nos surgen sobre si podremos seguir amamantando a nuestros hijos cuando nos reincorporemos al trabajo. Si quieres continuar dando el pecho, trabajo y lactancia son compatibles.

Son muchos y muy importantes los beneficios de portear a nuestros hijos, de atender sus necesidades y que nos sientan cerca.

Yolanda González nos habla sobre estos dos temas, a veces tabús, con relación a nuestros hijos.

Es importante cuidar nuestro suelo pélvico. Es algo que deberíamos hacer siempre, seamos o no madres, porque es un músculo muy importante de nuestros cuerpo y que si no cuidamos podemos sufrir, por ejemplo, incontinencia urinaria en el mejor de los casos.

En comparación con los desechables, los pañales de tela siempre salen ganando, el ahorro es considerable, son mucho más bonitos, más saludables para la piel y además ecológicos.

La epidural no es inocua ni para nosotras ni para nuestros bebés. Por otro lado, a pesar del miedo que nos han metido, las mujeres somos capaces de parir sin epidural, y mucho mejor, porque no interfiere en un proceso fisiológico como es el parto.

Existen muchas creencias erróneas en torno a la lactancia materna que sólo contribuyen al fracaso de esta y la pérdida de un alimento diseñado exclusivamente para cada bebé.

La cesárea conlleva unos riegos, asumibles cuando se realiza por necesidad; pero siendo una práctica irresponsable cuando se banaliza por conveniencia de los médicos o los padres.

¿Qué es lo que os gustaría haber sabido antes de ser padres?


Si necesitas acompañamiento durante tu embarazo o postparto, tienes dudas o problemas con la lactancia, quieres portear de forma segura, o necesitas información sobre cualquier tema relacionado con la crianza, puedes contactar conmigo en info@soniandoduendes.com.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Conociendo mejor mi Ciclo Menstrual


Hace unas semanas tuve el privilegio de pasar un día entero con veinte mujeres estupendas, y digo que fue un privilegio porque la magia que se crea en un círculo de mujeres es grandiosa.

Me emocioné con cada una de las presentaciones de esas veinte mujeres con sus historia personales. Y agradezco a cada una de ellas lo que me aportó y lo que me hicieron sentir, porque aunque parezca que cada historia es diferente tenemos en común el mismo fondo. Todas estábamos allí para saber más, para conocernos mejor, y gracias a Erika creo que todas salimos de allí tocadas y removidas (en el buen sentido).

Cuando me enteré de que Erika Irusta iba a venir a Madrid a impartir un taller del Ciclo Menstrual me interesó mucho, pero si no me decidía era porque me pillaba en la otra punta y entre las horas del taller y las del transporte público se me irían 14 horas, todo el día, y nunca había pasado tantas horas separada de mi niña. Me lo pensé mucho, y al final, sabiendo que mi pequeña iba a estar perfectamente con su padre y que además me apetecía mucho hacer esto sólo para mí, tiré hacia delante.


La maternidad hizo que me reconciliara con la menstruación, ya que nunca tuve buena relación con ella. Esto y cómo fue reencontrarme con ella tras el nacimiento de mi hija lo contaba hace ya más de un año, lo podéis leer aquí. Pero el camino no siempre es sencillo, la sociedad no nos lo pone fácil, el tener a alguien a nuestro cargo se nos puede hacer cuesta arriba algunos días, nosotras mismas muchas veces caminamos en nuestra contra y el aprendizaje nunca se acaba.


Empecé hace ya unos cuantos meses, demasiados, el libro Luna Roja de Miranda Gray, y aunque me gustaba lo he ido dejando aparcado, no se muy bien por qué. Pero si comencé a apuntar cada día cómo me sentía, aunque muchas veces pasaban días y días sin que apuntase nada, no soy muy constante. Pero ha sido ahora con este taller cuando me he puesto más en serio, llevando a diario mi diagrama lunar, planteándome muchas cosas que debería cambiar para que las cosas funcionasen mejor, claro que no es tan fácil como parece, porque nos cuesta mucho soltar, descansar de verdad, mirar hacia dentro, y en definitiva ser conscientes de que no podemos con todo lo que pretendemos poder.

Muchas mujeres estamos desconectadas totalmente de nuestro cuerpo, no es que no prestemos atención a nuestros cambios y nuestras necesidades, sino que ni siquiera nos conocemos físicamente. No sabemos dónde está nuestro útero ni nuestros ovarios porque nunca nos hemos tomado un momento para tocarnos y saber exactamente donde está nuestro centro.

Conocer nuestro cuerpo, nuestro ciclo, nos puede dar la clave para todo. Lo primero que se altera cuando nos pasa algo es nuestro ciclo menstrual. Y estando atentas y dejándonos sumergir en cada una de las etapas del ciclo podremos sacar lo mejor de nosotras. Pero para ello tenemos que aceptarnos y no negar ninguna emoción ni ningún aspecto, sea cual sea, porque si sabemos lo que necesitamos y en vez de prestarnos atención lo negamos será entonces cuando las cosas no funcionen. Un ejemplo claro es que si no aceptamos y valoramos que hay momentos del ciclo en los que necesitaremos estar más replegadas, y nos forzamos a salir y estar hacia el exterior, no nos sentiremos bien, y de hecho nos enfadaremos con todo y con todos.

Lógicamente esto no es fácil, como decía antes, no es fácil necesitar estar a solas, en nuestra introversión y nuestras intuiciones y tener que ir a trabajar o tener que atender las demandas de nuestros hijos sin tregua. Puede ayudar el saber que el sentirnos así es normal e intentar en la medida de lo posible que sea lo más llevadero, pero en mi caso, el ser consciente de que durante unos días al mes mi hija me molesta, así de crudo y literal, duele porque ella no se merece eso y yo no puedo hacer otra cosa, porque es lo que siento. Para colmo ella lo nota y se vuelve todavía más demandante justo cuando más necesidad tengo yo de estar lejos, con lo que la situación se torna bastante desagradable para ámbas. Esos días podemos pedir ayuda a los abuelos o que el papá procure estar más tiempo con ella, pero incluso así, en nuestro caso es duro, porque las noches pueden ser moviditas y precisamente mi paciencia no hace gala en esos momentos. Por eso os digo que el saber que es normal ayuda, pero no soluciona. Al menos el reconocerlo y el poder hablar y contarles a quienes tenemos a nuestro alrededor lo que sucede, en mi caso a mi hija, es muy necesario, porque de esa forma lo que no haremos en echar todo el peso fuera de nosotras.



Hay fases que duran más que otras. Influye el entorno, nuestras circunstancia, etc. Las cuatro fases del ciclo son:
- Fase Menstrual.
Fase reflexiva, del mundo interno, del instinto. Necesitamos descansar, ya que nuestro cuerpo está haciendo limpieza. Es el invierno.
- Fase Pre-ovulatoria.
Nos sentimos más independientes y autónomas, con mayor actividad intelectual, prefiriendo trabajar solas. Es la primavera.
Es la fase ideal para comenzar proyectos, ya que estamos en la fase de la inspiración.
- Fase Ovulatoria.
Nos sentimos más extrovertidas, sociables, nos gusta relacionarnos, nutrir. Es el verano.
- Fase Premenstrual.
Necesitamos replegarnos, estar más en casa y descansar. Todo lo que no nos gusta sale en esta fase, porque nos encontramos más sensibles e intuitivas. Necesitamos marcar límites. Es el otoño.

En el diagramalunar podemos apuntar nuestro estado de ánimo, nuestra líbido, la ropa que nos ponemos esos días, la música que escuchamos, la cantidad y consistencia del flujo, enfermedades, etc. A lo largo de los meses, comparando, comprobaremos coincidencias según los días y tendremos una herramienta más para conocernos e incluso para organizar nuestra agenda.

El método sintotérmico también es de gran utilidad a la hora de conocernos, no sólo para conocer nuestro ciclo, como método anticonceptivo, sino que nos da información de las anomalías que pudiera haber (que no tiene por qué haberlas). Tengo pendiente estudiar más este método, ya tengo pedidos un par de libro para reyes, y comenzar a utilizarle como otra fuente de conocimiento propia, ya que nos puede proporcionar una información valiosísima.

¿Utilizáis alguna el método sintotérmico o lleváis un diagrama lunar?

domingo, 6 de mayo de 2012

Lo que en esta sociedad deseo como madre (editado)


Quiero compartir con todos vosotros la brillante iniciativa que ha tenido Cocolina, del blog Buceando en mí. Se le ocurrió hacer un vídeo con las imágenes de todas aquellas mamás que quisieran, dando el pecho a sus bebés y niños ya mayorcitos, para mostrar que la lactancia prolongada es algo natural. No me gusta la palabra prolongada, porque eso supone que hay una edad adecuada para el destete y eso no es así, según la antropología la edad natural del destete se encuentra entre los dos años y medio y los siete años. Me ha gustado como lo ha definido Illena, de Tenemos Tetas, lactancia no interrumpida precozmente.

Cuando Colo nos propuso la idea no me lo pensé dos veces, quería participar con todas esas bellas mujeres en algo tan bonito y que además iba a servir, como he dicho antes, para mostrar al mundo que la lactancia no tiene edad y es igual de bonita y natural tanto a los tres meses como a los tres años del niño (por poner una edad).

32 mujeres junto a sus hijos/as, muestran la belleza y la naturalidad de la lactancia materna, más allá de los primeros meses, en una iniciativa que nace en la blogosfera maternal con la intención de hacer visible la lactancia prolongada.

Este vídeo se encuentra protegido. Las imágenes que contiene han sido cedidas para este fin con su debido consentimiento expreso. En ningún caso queda permitido el uso de este vídeo, ni parte del mismo, con fines comerciales o lucrativos ni bajo otra intención que no sea la que llevó a su creación. Gracias.

Gracias a cada una de las mujeres que cedieron sus imágenes voluntariamente para contribuir al proyecto y hacerlo posible.

Gracias Colo por dar vida algo tan bello y gracias Illena por esos magníficos textos que acompañan el vídeo.





He querido compartirlo precisamente hoy por el día que es, y es que para mí la lactancia es uno de los mejores regalos que cada día me hace mi hija.


Quiero también tratar (aunque sea de puntillas) otro tema, ya que si bien se merece un post aparte, me gustaría sacarlo a relucir, porque creo que también hoy viene a cuento.

El momento en el que una mujer se convierte en madre es cuando se queda embarazada, aunque la maternidad se vuelve tangible en y a partir del momento de dar a luz. El parto es un momento único, lleno de emociones, sensaciones, un torbellino de hormonas, es el momento en el que podemos por fin ver, tocar y oler a nuestro bebé. Debería ser un momento perfecto, y a no ser que se presente alguna dificultad, si permitimos a nuestro cuerpo trabajar a su ritmo, sin intrusiones, es como resulta, perfecto.

No quiero hacer más publicidad de la que gratuitamente sin darnos cuenta le estamos haciendo ya, de hecho tengo que deciros que no lo he visto, sólo ví algunas imágenes el primer día y tuve suficiente. Las redes sociales y la blogosfera maternal bullen contra este despropósito (hay multitud de comentarios y post al respecto). Imagino que a estas alturas sabéis de qué hablo, y es de ese show que una cadena de televisión ha montado en torno al parto, denigrándolo, vapuleándolo y en consecuencia denigrando, faltando al respeto e infantilizando a la mujer, dejándola en segundo plano y tratando el parto como una patología.



Por desgracia en muchos hospitales de este país es la realidad de cada día. Pero eso no quiere decir que sea algo normal, que es lo que parece que nos quieren dar a entender. La mujer y su bebé son los protagonistas en un parto, deben respetarse sus ritmos sin entrometerse en el proceso a no ser que alguno de los dos corra algún riesgo real, el rasurado y el enema no son necesarios, la episotomía y la maniobra de kristeller no deben hacerse por rutina, se les debe de informar a los padres de todos los procedimientos que se le realizan, se le debe ofrecer a la madre alternativas a la epidural, jamás debe separarse a madre y bebé (fomentar el piel con piel) a no ser que haya alguna complicación y por supuesto se les debe tratar con respeto. Esto es lo normal es un parto, informémonos, no nos dejemos engañar, porque lo contrario es violencia obstétrica. Que el momento en que nos convertimos en madres sea la experiencia más bonita de nuestra vida.

El domingo 27 de mayo (aunque todavía se están barajando otras fechas), en toda España, se ha organizado una marcha contra la violencia obstétrica: LA MARCHA DELAS MADRES


Feliz Día de la Madre!

sábado, 31 de diciembre de 2011

Una nueva maternidad


No podía dejar pasar lo que queda de año sin hablar de esta joya. Un libro sobre crianza escrito por mujeres y madres, quienes un día se rebelaron contra los convencionalismos sociales imperantes en el patriarcado que todavía aún hoy llevamos arrastras. Testimonios y reflexiones de quince maravillosas mujeres con las que me he emocionado, he reído, he sentido escalofríos, he llorado como una magdalena, he tenido que dejar de leer para reflexionar yo misma, he sentido un “darme cuenta” o “eso es”, unos textos llenos de un conocimiento superior, repletos de realismo y siempre desde el amor.

Quiero agradecer a cada una de estas mujeres 2.0 lo que han compartido y nos han transmitido, porque era necesario un libro así. Además, para quien desee ampliar conocimientos sobre algunos estudios y teorías sobre la necesidad de partos respetados y crianzas respetuosas nos ofrecen una bibliografía imprescindible.

Me gusta siempre hacer referencia a algún trocito de texto que me haya llamado especialmente la atención, pero esta vez me es imposible, tendría que copiaros el libro casi al completo.


Gracias a Azucena Alfonsín, María Berrozpe, Mónica de Felipe, Irene García, María José García, Carolina Garcinuño, Nohemí Hervada, Erika Irusta, María del Mar Jiménez, Mireia Long, Illena Medina, Cristina Romero, Louma Sader, Raquel Tasa y Vivian Watson.

Y gracias a todos los que pasáis por aquí alguna vez, a todas las mamás blogueras que me leen y a las que leo, por todo lo que me aportáis, por esta hermosa tribu en la que formamos parte.


¡OS DESEO UN FELIZ AÑO 2012!

viernes, 30 de septiembre de 2011

Conciliación Real Ya!


No se si habrá alguien que pueda tacharme de intrusa por lanzarme a la lucha de una Conciliación Real para madres, padres e hij@s, puesto que yo tengo la gran suerte de seguir con mi hija a sus 12 meses. Pero es que esta lucha nos concierne a todos, hombres y mujeres, mayores y jóvenes, porque todos nos vemos afectados, porque la base de nuestra sociedad son l@s niñ@s, el futuro. Si realmente queremos una soc
iedad mejor, más empática, más sana emocionalmente hablando, en definitiva, más feliz, tenemos que comenzar desde el principio, y ese principio son l@s niñ@s. Luchemos porque se conviertan en adultos libres, sin miedos, sin traumas, con una infancia con todas sus necesidades cubiertas, y lo más importante para lograr eso es poder estar con su madre (sobre todo) y su padre.


Con estos horarios que tenemos en este país es imposible conciliar. Mi experiencia laboral, de ocho horas, me tuvo casi siempre (hora más hora menos) once horas y media fuera de casa. A las ocho horas de trabajo le añadimos una hora para comer (qué suerte la mía que no han sido nunca dos o más), más dos horas y media (y me ajusto mucho) de ida y vuelta. ¿Qué tiempo me quedaría para estar con mi hija y mi compañero, si a esto le restamos las tareas domésticas ineludibles (comidas, higiene, compra)?

Lo que tenía muy claro es que si tenía un/a hij@ era para disfrutar con el/ella, sino ¿para qué iba a traer un bebé al mundo, para dejarle aparcado a las 16 semanas o con suerte (arañando horas de lactancia y vacaciones) seis meses? ¿Y luego qué, nos perdemos más de la mitad de su infancia mientras dejamos que otros les críen por nosotros?


Hay tantas cosas que no entiendo en estas leyes incongruentes que parecen diseñadas para máquinas…

Si la OMS recomienda lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida y después hasta los dos años como mínimo, ¿por qué no se facilita que la mujer pueda dar el pecho a su bebé?

Si está demostrado que el vínculo entre madre e hijo es fundamental para un sano desarrollo del menor, ¿por qué se les pretende separar a los tres meses y medio de vida? L@s niñ@s necesitan a su madre como mínimo hasta los dos años.

En vez de crear más guarderías públicas, ¿por qué no dar ese dinero (una ayuda) a los padres para que críen a sus hijos ellos mismo en casa?

Si un adulto enferma o tiene consulta en el médico puede justificarlo a la empresa, normalmente sin problemas. ¿Qué sucede cuando nuestr@s hij@s enferman o tenemos revisión con el pediatra? ¿Tenemos que pedirnos días de nuestras vacaciones (he visto muchos casos)? ¿No sería lo más normal que también por ley estas ausencias estuviesen más que justificadas?

¿Por qué no se incentivan otros tipos de trabajo? Teletrabajo, jornadas intensivas, horarios más reducidos…


Pero claro, por mucha ley que haya si luego no se cumple, nos ponen pegas, nos hacen la vida imposible o directamente nos ponen de patitas en la calle, esto no soluciona nada. No se puede tener miedo a que por hacer lo que realmente queremos (pedir media jornada, una excedencia, quedarnos simplemente embarazadas) vayamos a perder nuestro empleo.


Cuando yo me quedé embarazada de Minerva llevaba un mes trabajando en una nueva empresa. Los contratos me los iban renovando cada tres meses a través de una ETT. En el séptimo mes mi médica me dio por fin la baja. Aquí hago un paréntesis, porque este es otro tema. Hay mujeres que lo llevan estupendamente, con una energía que más quisiera yo sin estar embarazada, pero otras, sin tener problemas realmente serios como tener que guardar reposo, estamos agotadas, con mareos frecuentes, náuseas, ardores, dolores de espalda y un largo etc. y tenemos que aguantar distancias generosas hasta nuestro puesto de trabajo, estrés, largas horas sentadas o de pie que no nos benefician para nada, etc. El embarazado debería estar más cuidado en ese aspecto porque no todas aguantamos el mismo ritmo. Podría haberme cogido la baja de maternidad antes si estaba muy cansada, pero prefería aguantarme y reservarla para estar luego con mi bebé. El caso es que cuando a la semana de darme de baja médica se suponía que me iban a volver a renovar no lo hicieron. La gente a mi alrededor me decía que me informase para demandarles, pero entonces, acariciando mi barriga, me di cuenta de que me habían hecho un favor. Al tener derecho a paro podría disfrutar con mi hija las 24 horas, y aunque a día de hoy el paro se ha convertido en subsidio y las cuentas ya no salen en condiciones, nos damos cuenta de que tenemos lo necesario mientras buscamos alternativas a los trabajos tradicionales. Por supuesto no puedo evitar tener miedo, a que las cosas no salgan como esperamos, a que tenga que volver a incorporarme a los grilletes de los horarios eternos, o a que haya perdido el tren dada mi edad y el hueco en mi curriculum.


Yo quiero vivir y disfrutar de mi hija, de mi familia. Lo que ahora tenemos es una esclavitud encubierta bajo la liberalización de la mujer. Todo mentira. No tenemos ninguna liberta para decidir, primero porque la mayoría estamos con la soga al cuello y la decisión de dejar de trabajar uno de los dos cónyuges muchas veces es inviable económicamente, y segundo porque si elijo seguir trabajando porque mi trabajo me gusta y me siento realizada o realizado (también ellos, los padres, tienen derecho a elegir), quiero también poder ver a mis hij@s. Señores, ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?


Por eso quiero luchar junto a este grupo creado por y parar l@s niñ@s. ¿Cómo no hemos comenzado antes? Ira, del blog Mà a mà, pell a pell, cor amb cor., tuvo la iniciativa de embarcarnos en el sueño y la lucha por una Conciliación Real Ya!



¿Quieres luchar por los derechos de l@s niñ@s? Únete a nosotr@s. La unión hace la fuerza.


Grupo en facebook: https://www.facebook.com/groups/conciliacionrealya

Página en facebook: https://www.facebook.com/ConciliacionRealYa

En twitter: @Conciliacion_RY

viernes, 16 de septiembre de 2011

Su primer añito, nuestro primer año

Acabo de terminar la tarta de cumpleaños para mañana. Ya hice otra la semana pasada, y es que el papá cumplió años el domingo y celebramos tres cumpleaños, el de la tía paterna (los hizo también la semana pasada), el del papá y el de la nena. Mañana lo celebramos de nuevo, con la familia materna, y esta vez si que es su cumpleaños de verdad. Quise hacerle una tarta, además de porque me gusta y me hace ilusión, porque quería que también ella comiera de su tarta, faltaría más. Y gracias a @Mousikh de Una mirada al otro lado, que me dio la idea y me prestó la receta, he hecho estas tartas riquísimas (la semana pasada Minerva se la comió encantadísima), esta última vez con alguna que otra variante. ¡Mañana es el gran día!


No quiero ponerme pesada con lo que hace o deja de hacer mi niña, porque para una madre su hij@ es lo mejor del mundo. Pero hoy, quiero y necesito contárselo al mundo entero, pues me siento muy orgullosa de mi pitufa, qué madre o padre no lo está.

Aunque hace un mes que dio su primer pasito sola, no ha sido hasta hace unos diez días cuando se soltó a andar, es un terremotillo. Que conste que aunque no andase estaría igual de orgullosa y de contenta, pues es igual de normal que anden a los diez meses como a los dieciocho. Pero cuando lo hacen, antes o después, como cada vez que logran hacer algo, es muy emocionante ver cómo han llegado hasta ahí y cómo se buscan sus mañas.

Sólo dice papá y mamá, alguna vez pareciera que ha dicho agua o tetita, eso sí, balbucea todo lo que quiere y más. Hoy en la revisión me decían que no paraba de hablar. Me encanta cuando después de contarle uno de los cuentos blanditos que tiene para el agua, le digo que me lo cuente ella y se pone a parlotear sin parar mientras pasa las páginas.

Le encanta meterse debajo de la mesa, las sillas, la trona, por todos los huecos (a veces luego no puede salir y se enfada), y subirse donde pueda, sobre todo al puf, donde se sienta, se pone encima de pie, se tumba para tirarse por el otro lado…

Y algo que nos dejó perplejos la primera vez que lo hizo fue decirnos que se había hecho caca. Como utilizamos mucho los gestos con ella, cada vez que hace caca le decimos que la vamos a cambiar el pañal porque ha hecho caca y nos damos un el puño suavemente en la cadera, a lo que ella suele imitarnos. El fin de semana pasado, en casa de unos amigos, estaba en la otra punta del salón jugando, cuando me mira y se da con la manita en la parte de fuera de la pierna, así que la miramos el pañal y efectivamente se había hecho caca. No es que lo haga siempre, a veces lo hace cuando se tira unos pedillos, pero con eso ya nos ha avisado más de una vez.


Esta mañana hemos tenido la revisión del año. Nos han dicho que está estupenda, guapísima y enorme (11 kilazos, ya me lo andaba avisando mi espalda, ja, ja), que por cierto todo eso ya lo sabíamos pero nos encanta que nos lo digan. Sólo mencionar, que la vacuna que antes era a los quince meses ahora se pone al año, la triple vírica (sarampión, rubéola y parotiditis); y que a mi pregunta sobre si debía seguir tomando el suplemento de yodo para la lactancia, la pediatra me ha dicho que si, que lo ideal sería todo lo que dure la lactancia o como mínimo los dos primeros años.


Dentro de unas horas Minerva cumple su primer añito con nosotros, aunque conmigo ya llevaba unos meses más. No he dejado estos días de recordar y recordar momentos maravillosos, llenos de magia e ilusión, y también algún que otro momento duro, pero que ahora en la distancia lo recuerdo con la misma nostalgia. El embarazo, en el que a pesar de algunas molestias (normales) disfruté de mi tripa muchísimo hasta el último momento, me parecía increíble tener a mi hija gestándose en mi interior, el milagro de la vida. El parto, tan largo, tan distinto a lo que había imaginado, aunque todo salió bien me hubiese gustado que algunas cosas hubiesen sido de otra manera. A estas horas acabábamos de subir a la sala de dilatación. El hospital, los primeros días con nuestra bebita, los meses que han ido pasando sin tregua, esos días de ensimismamiento, en los que la casa parecía ser diferente, y así era, con otra personita dándole la bienvenida. Y a día de hoy, habiendo atravesado momentos duros que siempre se superan, habiendo disfrutado al máximo de mi hija, siendo testigo de todos sus pequeños grandes avances (últimamente no tan pequeños), de todo su mundo, a día de hoy, me siento feliz de ver a mi niña crecer, de todos los cambios que hemos ido atravesando, tanto físicos como psicológicos. Es lo mejor que me ha pasado nunca. Es una personita maravillosa, que llegó a nuestras vidas como el mejor de los regalos, y a la que debo tanto, porque me ha mostrado tanto… de ella, del mundo, de mí misma, y todavía nos queda mucho por seguir aprendiendo.


Además, una cosa que a veces se nos olvida, es que también dentro de muy poquito es nuestro primer año como mamá y papá. Soy madre, y no puedo concebir mi vida sin esa condición. Hace un año renací como persona, como mujer, gracias a mi hija he conectado con partes de mí que creía olvidadas y he descubierto facetas mías que desconocía por completo, gracias a mi hija me esfuerzo cada día por ser mejor persona.


Felicidades mi amor

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Necesito separarme de mi hija?

La pregunta está bien formulada. No pregunto si es ella la que necesita separarse de mí, para que “vaya aprendiendo” o para que “no se enmadre”. Lo que yo me planteo, últimamente, es si yo necesito separarme unas horas de mi hija.

¿Por qué me lo pregunto?

Al principio era para saber, si alguna vez yo tenía que ir a algún lado, que los tres estaríamos bien. Saber que el papá y la pitufa se apañarían y no me echarían en exceso de menos, y que yo también estaría tranquila. Las ocasiones en las que el papá y Minerva están solos es cuando se la lleva en la mochila, por las tardes o los fines de semana por la mañana, mientras saca a nuestro perrillo a pasear; o en casa, el tiempo que tardo en ducharme o en la cocina (el día que cocino yo); bueno, y cuando se echan la siesta juntitos (aunque últimamente no tanto porque la nena ha decidido que eso es perder el tiempo).

Luego la pregunta se ha ido ampliando. Y es que últimamente, además de algunas preocupaciones que me rondan por la cabeza, que ahora detallaré a continuación, hay días que me agobio mucho con Minerva y necesito un tiempo para mí en exclusiva, cosa que además me hace sentir mal.


En casi un año juntas sólo nos hemos separado en contadas ocasiones. El día que más tiempo estuvimos separadas no pasaron más de tres horas, y casi todas nuestras separaciones han sido motivadas por visitas hospitalarias a familiares.

Si no nos hemos separado más es porque no veía la necesidad. Minerva me necesitaba y yo a ella, y siempre tuve claro que si tenía hij@s era para disfrutar con ellos. Por eso no concibo ir a ningún sitio sin mi hija, a no ser que sea por fuerza mayor. Al contrario, busco actividades que podamos hacer juntas fuera de casa. No hace mucho, en las fiestas del pueblo de mi compañero de ruta, los amigos nos alentaban a dejar a la niña con los abuelos para poder irnos de fiesta por la noche, pero ni tengo ganas de andar hasta las tantas por ahí de juerga ni de dejar a mi hija sabiendo que se va a despertar buscando su tetita.

La primera vez que nos separamos fue cuando Minerva tenía tres meses y operaron a mi padre del corazón. Sólo podíamos entrar en la UCI dos personas una media hora. Así que el papá se quedó con la bebita dando un paseo en las inmediaciones del hospital mientras que yo subía a la sala de espera a reunirme con mi madre. Me costó horrores separarme de mi hija, aun sabiendo que se quedaba con la persona en que mayor confianza podía dejarla. Tardaron en llamarnos y yo estaba nerviosísima por entrar de una vez, no por ver a mi padre sino porque cuanto más tardásemos en entrar más tardaríamos en salir. Una vez allí el tiempo se me hizo eterno. Estaba preocupada por mi padre, se me ponía la piel de gallina viéndole tan débil y todavía sin estar fuera de peligro, pero me sentía mal conmigo misma porque estaba deseando salir de allí para reunirme con mi pequeña, a pesar de que mi padre, el pobre, nos pedía que no le dejásemos. Fue la primera hora que pasé separada de mi pequeña, tan lejos, sin oírla, sin olerla, sin sentirla, sin verla, sin tocarla, sin saber que estaba bien. La necesitaba, sentía dolor físico, creo que nunca había sentido algo así en la vida. Era como si me separase de una parte más de mi cuerpo, de mi alma, es difícil describirlo con palabras.

No quiero ni imaginar cómo tienen que sentirse las mujeres que dejan a sus bebés a las dieciséis semanas para reincorporarse al trabajo.


Pero llevo un tiempo, unos días, en que me siento diferente en este aspecto. Siento como si mi apego hacia ella hubiese cambiado (no se si apego es la palabra que estoy buscando). El vínculo con mi hija sigue inquebrantable, pero me veo capaz de separarme por más tiempo de ella, siento que podemos estar separadas durante unas horas sin que ninguna de las dos sufra. Por un lado me parece algo bueno, pero por otro es como si perdiese ese apego, como si perdiese a mi bebita, y es que se está convirtiendo en mi bebé grande y siento que estoy perdiendo algo.

Ya no es el bebé dependiente totalmente se mí, de su madre, inseparable. Sé que puede estar tranquilamente con los abuelos sin mí (me lo ha demostrado alguna vez, al principio a mi pesar, será que me he malacostumbrado, je, je), y le gusta, pues tiene pasión de abuelo materno.

Tiene muy claro lo que quiere y lo que no, y te lo hace saber. Es una niña que necesita muchos estímulos, que le encanta explorar, imparable e incasable, que hay días en los que apenas se echa siesta o directamente ni se la echa porque quiere estar correteando en casa, en la calle o donde sea pero sin perder el tiempo durmiendo, que a pesar de tener casi un año si por lo que sea no puede tener lo que quiere (bajarse de la acera a la carretera, coger un objeto peligroso que no está a su alcance, por poner dos ejemplos), y más aún si el sueño le acompaña, la rabieta que se coge me deja desconcertada, pues puede ir desde darme cabezazos y arañarme (la tengo aupa para consolarla), pasando por un llanto desgarrador, hasta echarse hacia atrás con todas sus fuerzas, que si nos pilla en el suelo y no tenemos cuidado el cabezazo que se da es de cuidado. Los días en los que esto sucede, que no son todos ni todo el rato, termino agotada y algún día puedo llegar a estar desesperada. Creo que es la primera vez en la realmente necesito otras manos.


Por otro lado, últimamente pienso más en mi reincorporación al mundo laboral. No porque me gustase mi trabajo sino porque me da miedo que pase el tiempo y en mi curriculum quede tal hueco que luego me sea difícil la vuelta. Al mismo tiempo esta posible reincorporación no me apetece porque sería como salir al mundo real, fuera del mundo de mi hija, y encontrarme de nuevo en la selva, en la desconexión. Temo de esa manera desvincularme, entonces sí, de mi hija. Pues doce horas, que era lo que antes estaba fuera de casa, con todo lo que acarrea psicológicamente (lo que me traería a casa acuestas), creo que engulliría parte del mundo maravilloso, inocente, en el que ahora vivimos. Hasta el momento no me había preocupado para nada el tema monetario, estaba convencida de que nos apañaríamos, que por otro lado así es realmente. Quizás lo pienso más porque he visto más cerca el plazo que me puse para empezar a trabajar y he comenzado a darle vueltas y vueltas, ya ves tú para qué. Hablándolo con mi compañero de ruta seguramente no tenga necesidad de empezar a trabajar en enero, por ahora nos apañamos bien, lo cual en el fondo me tranquiliza, porque antes que dejar a mi hija doce horas en una guardería prefiero pasar hambre.

Desechada esa opción me estoy planteando hacer algún curso o alguna actividad, porque me apetece hacer algo para mí, tener un rato para dedicarme a mí exclusivamente. No quisiera dejarla en la guardería con unos extraños, seguramente la dejaría con mis padres ya que serían pocas horas y los tres estarían encantados. Y claro, tendría que ser algo que me interesase, que no estuviese demasiado lejos y que no fuesen muchas horas. ¿Pido mucho?


Todo esto me hace sentir muy culpable. Culpable por sentir que ahora ya si puedo ser capaz de estar un tiempo separada de mi niña, culpable por querer un tiempo y un espacio para mi, culpable por plantearme separarla de mi lado sin saber qué es lo que ella opina al respecto, culpable por hartarme en ocasiones de su presencia imparable. Quiero a mi hija con locura, no creo que haga falta decirlo, pero también quiero unas horas para mí. Quizás para sentirme mejor pienso que luego en nuestro reencuentro lo disfrutaremos más, al menos yo, que estaré más relajada. Pero el pensar eso no hace que la culpa desaparezca.


¿Tenemos entonces las mujeres necesidad de dejar a nuestr@s hij@s por unas horas para sentirnos realizadas, para descansar de las demandas de nuestr@s hij@s, para no sentir miedo de quedarnos desplazadas en el mundo laboral ni social, para poder disfrutar de nosotras mismas en exclusividad? ¿Y qué hacemos entonces con esa culpa que arrastramos por plantearnos ser infiel a nuestr@s hij@s? Quizás es el precio que debamos pagar por ser nosotras, y no ell@s, los que iniciemos la ruptura de nuestra fusión.

domingo, 28 de agosto de 2011

La maternidad y el encuentro con la propia sombra



Hace relativamente poco terminé de leer este libro de Laura Gutman. Es el primero que leo de esta genial mujer. Tenía muchas ganas de leer algo de ella, y tras acabarlo me ha quedado muy claro que no va a ser el último.
Es un libro que debería ser leído durante el embarazo, aunque nunca es tarde para leerlo. Ayuda a la mujer a comprender y darse cuenta del mundo en el que va a adentrarse con la maternidad, sobre todo en el postparto reciente y durante los dos primeros años, más o menos, de vida de su hij@. Ayuda a que veamos todo esa marabunta de sentimientos y sensaciones nuevas, esos estados alterados de nuestra consciencia, que nos sobrevienen tras el parto, como algo no solamente normal sino beneficioso para conocernos a nosotras mismas y sacar a la luz todas nuestras sombras, y lo que es más importante, para permitirnos la fusión con nuestro bebé.
La sombra es las partes desconocidas de nuestra psique, pero también las partes desconocidas de nuestro mundo espiritual.
Quiero transcribiros un párrafo del libro, que para mí lo resume a la perfección: El interés y la paciencia que requiere mirar a ese niño en particular responde a una madurez del adulto que no proyecta en el hijo sus propios deseos sino que lo libera de su sombra, permitiendo que ese niño desarrolle su misión en la Tierra como ser único y diferenciado.
Una cosa que me ha encantado del libro son los dibujos con los que comienza cada capítulo, una imagen inicial para resumirlos a la perfección.
En este libro Laura Gutman nos habla de los partos no respetados y sus consecuencias, de la lactancia como una forma de amar, de la necesidad de ser sinceros con nuestr@s hij@s (haciéndoles saber lo que nos sucede para que no carguen con nuestras culpas), de las expectativas irreales que tenemos los padres en cuanto al sueño, el control de esfínteres, el chupete, o mismamente las ideas preconcebidas que tenemos de lo que es convivir con un bebé recién nacido.
Laura Gutman hace mención especial a la necesidad de apoyo durante los primeros días tras el parto. Esa necesidad de apoyo puede ser a través de grupos de apoyo, de una doula, de las redes sociales, pero sobre todo del padre. El papel del padre como sostenedor de la madre es fundamental. Debe ser un apoyo sólido en todos los aspectos para ella, para que asímismo ésta pueda ocuparse de su bebé. La relación de la pareja debe estar basada en el respeto, el sostén y el amor, pues el bebé no debe ser utilizado como arma entre los padres, o para satisfacer las necesidades de uno o ambos de los progenitores.
Algo que me hizo pensar fue el capítulo dedicado a las enfermedades de l@s niñ@s como manifestación de la sombra de la madre. Nuestro estado emocional afecta a nuestr@s hij@s, de eso no hay duda. Si no reconocemos lo que nos sucede podrá manifestarse en ell@s a través de enfermedades, es@s niñ@s que no dejan de estar malitos. Me acordé entonces de l@s niñ@s que tras empezar la guardería comienzan un sinfín de afecciones, y se me ocurrió pensar que quizás en ocasiones no es la exposición al virus sino el desconsuelo ante la separación de su madre lo que les hace ser más vulnerables.
El ser madre para mi supuso adentrarme en otro mundo. Creo que si nos lo permitimos podemos adentrarnos en él junto con nuestro bebé, fusionándonos con él, porque tanto ese pequeño nuevo ser como nosotras lo necesitamos. Para mí, el tener a mi compañero de ruta apoyándome y sosteniéndome fue lo que me permitió ser capaz de no desmoronarme tras el parto reciente. Y también creo, o mejor dicho sé, que ese nuevo mundo nos abre las puertas a un conocimiento más profundo sobre nosotras mismas, en nuestra mano está el permitir que esa puerta quede abierta. Ese conocimiento nos ayuda a ser más conscientes de las necesidades de nuestr@s hij@s y de nuestras carencias infantiles (de las que si no somos conscientes pueden llegarnos de adultos a través de múltiples adicciones desplazadas), por eso es tan importante conocernos a fondo, para no proyectar nuestras necesidades insatisfechas en nuestr@s hij@s, pues como dice, Laura Gutman: El abandono emocional es violencia: es la violencia del desamparo. La incapacidad de reconocer las necesidades básicas emocionales de los niños es violencia. Negar brazos y contención es violencia. No entrar en conexión emocional con los niños es violencia. No mirarles es violencia. Exigir que se adapten desmesuradamente al mundo de los adultos es violencia.
Os recomiendo su lectura.


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