jueves, 6 de abril de 2017
Yo decido, tú decides
miércoles, 9 de diciembre de 2015
El puerperio perdido
El puerperio es un estado de fusión mamá y bebé que comienza con el nacimiento del bebé. Puede durar alrededor de dos años más o menos, depende de cada caso. Aunque se solía decir que el puerperio duraba la cuarentena. Pero esas 4 ó 6 semanas es el tiempo en el que estamos con los loquios.
martes, 11 de noviembre de 2014
Sanar heridas
domingo, 12 de enero de 2014
Imprescindible saber sobre maternidad y crianza
Si necesitas acompañamiento durante tu embarazo o postparto, tienes dudas o problemas con la lactancia, quieres portear de forma segura, o necesitas información sobre cualquier tema relacionado con la crianza, puedes contactar conmigo en info@soniandoduendes.com.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Conociendo mejor mi Ciclo Menstrual
domingo, 6 de mayo de 2012
Lo que en esta sociedad deseo como madre (editado)
Este vídeo se encuentra protegido. Las imágenes que contiene han sido cedidas para este fin con su debido consentimiento expreso. En ningún caso queda permitido el uso de este vídeo, ni parte del mismo, con fines comerciales o lucrativos ni bajo otra intención que no sea la que llevó a su creación. Gracias.
Gracias a cada una de las mujeres que cedieron sus imágenes voluntariamente para contribuir al proyecto y hacerlo posible.
Por desgracia en muchos hospitales de este país es la realidad de cada día. Pero eso no quiere decir que sea algo normal, que es lo que parece que nos quieren dar a entender. La mujer y su bebé son los protagonistas en un parto, deben respetarse sus ritmos sin entrometerse en el proceso a no ser que alguno de los dos corra algún riesgo real, el rasurado y el enema no son necesarios, la episotomía y la maniobra de kristeller no deben hacerse por rutina, se les debe de informar a los padres de todos los procedimientos que se le realizan, se le debe ofrecer a la madre alternativas a la epidural, jamás debe separarse a madre y bebé (fomentar el piel con piel) a no ser que haya alguna complicación y por supuesto se les debe tratar con respeto. Esto es lo normal es un parto, informémonos, no nos dejemos engañar, porque lo contrario es violencia obstétrica. Que el momento en que nos convertimos en madres sea la experiencia más bonita de nuestra vida.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Una nueva maternidad

No podía dejar pasar lo que queda de año sin hablar de esta joya. Un libro sobre crianza escrito por mujeres y madres, quienes un día se rebelaron contra los convencionalismos sociales imperantes en el patriarcado que todavía aún hoy llevamos arrastras. Testimonios y reflexiones de quince maravillosas mujeres con las que me he emocionado, he reído, he sentido escalofríos, he llorado como una magdalena, he tenido que dejar de leer para reflexionar yo misma, he sentido un “darme cuenta” o “eso es”, unos textos llenos de un conocimiento superior, repletos de realismo y siempre desde el amor.
Quiero agradecer a cada una de estas mujeres 2.0 lo que han compartido y nos han transmitido, porque era necesario un libro así. Además, para quien desee ampliar conocimientos sobre algunos estudios y teorías sobre la necesidad de partos respetados y crianzas respetuosas nos ofrecen una bibliografía imprescindible.
Me gusta siempre hacer referencia a algún trocito de texto que me haya llamado especialmente la atención, pero esta vez me es imposible, tendría que copiaros el libro casi al completo.
Gracias a Azucena Alfonsín, María Berrozpe, Mónica de Felipe, Irene García, María José García, Carolina Garcinuño, Nohemí Hervada, Erika Irusta, María del Mar Jiménez, Mireia Long, Illena Medina, Cristina Romero, Louma Sader, Raquel Tasa y Vivian Watson.
Y gracias a todos los que pasáis por aquí alguna vez, a todas las mamás blogueras que me leen y a las que leo, por todo lo que me aportáis, por esta hermosa tribu en la que formamos parte.
¡OS DESEO UN FELIZ AÑO 2012!
viernes, 30 de septiembre de 2011
Conciliación Real Ya!
No se si habrá alguien que pueda tacharme de intrusa por lanzarme a la lucha de una Conciliación Real para madres, padres e hij@s, puesto que yo tengo la gran suerte de seguir con mi hija a sus 12 meses. Pero es que esta lucha nos concierne a todos, hombres y mujeres, mayores y jóvenes, porque todos nos vemos afectados, porque la base de nuestra sociedad son l@s niñ@s, el futuro. Si realmente queremos una sociedad mejor, más empática, más sana emocionalmente hablando, en definitiva, más feliz, tenemos que comenzar desde el principio, y ese principio son l@s niñ@s. Luchemos porque se conviertan en adultos libres, sin miedos, sin traumas, con una infancia con todas sus necesidades cubiertas, y lo más importante para lograr eso es poder estar con su madre (sobre todo) y su padre.
Con estos horarios que tenemos en este país es imposible conciliar. Mi experiencia laboral, de ocho horas, me tuvo casi siempre (hora más hora menos) once horas y media fuera de casa. A las ocho horas de trabajo le añadimos una hora para comer (qué suerte la mía que no han sido nunca dos o más), más dos horas y media (y me ajusto mucho) de ida y vuelta. ¿Qué tiempo me quedaría para estar con mi hija y mi compañero, si a esto le restamos las tareas domésticas ineludibles (comidas, higiene, compra)?
Lo que tenía muy claro es que si tenía un/a hij@ era para disfrutar con el/ella, sino ¿para qué iba a traer un bebé al mundo, para dejarle aparcado a las 16 semanas o con suerte (arañando horas de lactancia y vacaciones) seis meses? ¿Y luego qué, nos perdemos más de la mitad de su infancia mientras dejamos que otros les críen por nosotros?
Hay tantas cosas que no entiendo en estas leyes incongruentes que parecen diseñadas para máquinas…
Si la OMS recomienda lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida y después hasta los dos años como mínimo, ¿por qué no se facilita que la mujer pueda dar el pecho a su bebé?
Si está demostrado que el vínculo entre madre e hijo es fundamental para un sano desarrollo del menor, ¿por qué se les pretende separar a los tres meses y medio de vida? L@s niñ@s necesitan a su madre como mínimo hasta los dos años.
En vez de crear más guarderías públicas, ¿por qué no dar ese dinero (una ayuda) a los padres para que críen a sus hijos ellos mismo en casa?
Si un adulto enferma o tiene consulta en el médico puede justificarlo a la empresa, normalmente sin problemas. ¿Qué sucede cuando nuestr@s hij@s enferman o tenemos revisión con el pediatra? ¿Tenemos que pedirnos días de nuestras vacaciones (he visto muchos casos)? ¿No sería lo más normal que también por ley estas ausencias estuviesen más que justificadas?
¿Por qué no se incentivan otros tipos de trabajo? Teletrabajo, jornadas intensivas, horarios más reducidos…
Pero claro, por mucha ley que haya si luego no se cumple, nos ponen pegas, nos hacen la vida imposible o directamente nos ponen de patitas en la calle, esto no soluciona nada. No se puede tener miedo a que por hacer lo que realmente queremos (pedir media jornada, una excedencia, quedarnos simplemente embarazadas) vayamos a perder nuestro empleo.
Cuando yo me quedé embarazada de Minerva llevaba un mes trabajando en una nueva empresa. Los contratos me los iban renovando cada tres meses a través de una ETT. En el séptimo mes mi médica me dio por fin la baja. Aquí hago un paréntesis, porque este es otro tema. Hay mujeres que lo llevan estupendamente, con una energía que más quisiera yo sin estar embarazada, pero otras, sin tener problemas realmente serios como tener que guardar reposo, estamos agotadas, con mareos frecuentes, náuseas, ardores, dolores de espalda y un largo etc. y tenemos que aguantar distancias generosas hasta nuestro puesto de trabajo, estrés, largas horas sentadas o de pie que no nos benefician para nada, etc. El embarazado debería estar más cuidado en ese aspecto porque no todas aguantamos el mismo ritmo. Podría haberme cogido la baja de maternidad antes si estaba muy cansada, pero prefería aguantarme y reservarla para estar luego con mi bebé. El caso es que cuando a la semana de darme de baja médica se suponía que me iban a volver a renovar no lo hicieron. La gente a mi alrededor me decía que me informase para demandarles, pero entonces, acariciando mi barriga, me di cuenta de que me habían hecho un favor. Al tener derecho a paro podría disfrutar con mi hija las 24 horas, y aunque a día de hoy el paro se ha convertido en subsidio y las cuentas ya no salen en condiciones, nos damos cuenta de que tenemos lo necesario mientras buscamos alternativas a los trabajos tradicionales. Por supuesto no puedo evitar tener miedo, a que las cosas no salgan como esperamos, a que tenga que volver a incorporarme a los grilletes de los horarios eternos, o a que haya perdido el tren dada mi edad y el hueco en mi curriculum.
Yo quiero vivir y disfrutar de mi hija, de mi familia. Lo que ahora tenemos es una esclavitud encubierta bajo la liberalización de la mujer. Todo mentira. No tenemos ninguna liberta para decidir, primero porque la mayoría estamos con la soga al cuello y la decisión de dejar de trabajar uno de los dos cónyuges muchas veces es inviable económicamente, y segundo porque si elijo seguir trabajando porque mi trabajo me gusta y me siento realizada o realizado (también ellos, los padres, tienen derecho a elegir), quiero también poder ver a mis hij@s. Señores, ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?
Por eso quiero luchar junto a este grupo creado por y parar l@s niñ@s. ¿Cómo no hemos comenzado antes? Ira, del blog Mà a mà, pell a pell, cor amb cor., tuvo la iniciativa de embarcarnos en el sueño y la lucha por una Conciliación Real Ya!
¿Quieres luchar por los derechos de l@s niñ@s? Únete a nosotr@s. La unión hace la fuerza.
Grupo en facebook: https://www.facebook.com/groups/conciliacionrealya
Página en facebook: https://www.facebook.com/ConciliacionRealYa
En twitter: @Conciliacion_RYviernes, 16 de septiembre de 2011
Su primer añito, nuestro primer año
Acabo de terminar la tarta de cumpleaños para mañana. Ya hice otra la semana pasada, y es que el papá cumplió años el domingo y celebramos tres cumpleaños, el de la tía paterna (los hizo también la semana pasada), el del papá y el de la nena. Mañana lo celebramos de nuevo, con la familia materna, y esta vez si que es su cumpleaños de verdad. Quise hacerle una tarta, además de porque me gusta y me hace ilusión, porque quería que también ella comiera de su tarta, faltaría más. Y gracias a @Mousikh de Una mirada al otro lado, que me dio la idea y me prestó la receta, he hecho estas tartas riquísimas (la semana pasada Minerva se la comió encantadísima), esta última vez con alguna que otra variante. ¡Mañana es el gran día!
No quiero ponerme pesada con lo que hace o deja de hacer mi niña, porque para una madre su hij@ es lo mejor del mundo. Pero hoy, quiero y necesito contárselo al mundo entero, pues me siento muy orgullosa de mi pitufa, qué madre o padre no lo está.
Aunque hace un mes que dio su primer pasito sola, no ha sido hasta hace unos diez días cuando se soltó a andar, es un terremotillo. Que conste que aunque no andase estaría igual de orgullosa y de contenta, pues es igual de normal que anden a los diez meses como a los dieciocho. Pero cuando lo hacen, antes o después, como cada vez que logran hacer algo, es muy emocionante ver cómo han llegado hasta ahí y cómo se buscan sus mañas.
Sólo dice papá y mamá, alguna vez pareciera que ha dicho agua o tetita, eso sí, balbucea todo lo que quiere y más. Hoy en la revisión me decían que no paraba de hablar. Me encanta cuando después de contarle uno de los cuentos blanditos que tiene para el agua, le digo que me lo cuente ella y se pone a parlotear sin parar mientras pasa las páginas.
Le encanta meterse debajo de la mesa, las sillas, la trona, por todos los huecos (a veces luego no puede salir y se enfada), y subirse donde pueda, sobre todo al puf, donde se sienta, se pone encima de pie, se tumba para tirarse por el otro lado…
Y algo que nos dejó perplejos la primera vez que lo hizo fue decirnos que se había hecho caca. Como utilizamos mucho los gestos con ella, cada vez que hace caca le decimos que la vamos a cambiar el pañal porque ha hecho caca y nos damos un el puño suavemente en la cadera, a lo que ella suele imitarnos. El fin de semana pasado, en casa de unos amigos, estaba en la otra punta del salón jugando, cuando me mira y se da con la manita en la parte de fuera de la pierna, así que la miramos el pañal y efectivamente se había hecho caca. No es que lo haga siempre, a veces lo hace cuando se tira unos pedillos, pero con eso ya nos ha avisado más de una vez.
Esta mañana hemos tenido la revisión del año. Nos han dicho que está estupenda, guapísima y enorme (11 kilazos, ya me lo andaba avisando mi espalda, ja, ja), que por cierto todo eso ya lo sabíamos pero nos encanta que nos lo digan. Sólo mencionar, que la vacuna que antes era a los quince meses ahora se pone al año, la triple vírica (sarampión, rubéola y parotiditis); y que a mi pregunta sobre si debía seguir tomando el suplemento de yodo para la lactancia, la pediatra me ha dicho que si, que lo ideal sería todo lo que dure la lactancia o como mínimo los dos primeros años.
Dentro de unas horas Minerva cumple su primer añito con nosotros, aunque conmigo ya llevaba unos meses más. No he dejado estos días de recordar y recordar momentos maravillosos, llenos de magia e ilusión, y también algún que otro momento duro, pero que ahora en la distancia lo recuerdo con la misma nostalgia. El embarazo, en el que a pesar de algunas molestias (normales) disfruté de mi tripa muchísimo hasta el último momento, me parecía increíble tener a mi hija gestándose en mi interior, el milagro de la vida. El parto, tan largo, tan distinto a lo que había imaginado, aunque todo salió bien me hubiese gustado que algunas cosas hubiesen sido de otra manera. A estas horas acabábamos de subir a la sala de dilatación. El hospital, los primeros días con nuestra bebita, los meses que han ido pasando sin tregua, esos días de ensimismamiento, en los que la casa parecía ser diferente, y así era, con otra personita dándole la bienvenida. Y a día de hoy, habiendo atravesado momentos duros que siempre se superan, habiendo disfrutado al máximo de mi hija, siendo testigo de todos sus pequeños grandes avances (últimamente no tan pequeños), de todo su mundo, a día de hoy, me siento feliz de ver a mi niña crecer, de todos los cambios que hemos ido atravesando, tanto físicos como psicológicos. Es lo mejor que me ha pasado nunca. Es una personita maravillosa, que llegó a nuestras vidas como el mejor de los regalos, y a la que debo tanto, porque me ha mostrado tanto… de ella, del mundo, de mí misma, y todavía nos queda mucho por seguir aprendiendo.
Además, una cosa que a veces se nos olvida, es que también dentro de muy poquito es nuestro primer año como mamá y papá. Soy madre, y no puedo concebir mi vida sin esa condición. Hace un año renací como persona, como mujer, gracias a mi hija he conectado con partes de mí que creía olvidadas y he descubierto facetas mías que desconocía por completo, gracias a mi hija me esfuerzo cada día por ser mejor persona.
Felicidades mi amor
lunes, 12 de septiembre de 2011
¿Necesito separarme de mi hija?
La pregunta está bien formulada. No pregunto si es ella la que necesita separarse de mí, para que “vaya aprendiendo” o para que “no se enmadre”. Lo que yo me planteo, últimamente, es si yo necesito separarme unas horas de mi hija.
¿Por qué me lo pregunto?
Al principio era para saber, si alguna vez yo tenía que ir a algún lado, que los tres estaríamos bien. Saber que el papá y la pitufa se apañarían y no me echarían en exceso de menos, y que yo también estaría tranquila. Las ocasiones en las que el papá y Minerva están solos es cuando se la lleva en la mochila, por las tardes o los fines de semana por la mañana, mientras saca a nuestro perrillo a pasear; o en casa, el tiempo que tardo en ducharme o en la cocina (el día que cocino yo); bueno, y cuando se echan la siesta juntitos (aunque últimamente no tanto porque la nena ha decidido que eso es perder el tiempo).
Luego la pregunta se ha ido ampliando. Y es que últimamente, además de algunas preocupaciones que me rondan por la cabeza, que ahora detallaré a continuación, hay días que me agobio mucho con Minerva y necesito un tiempo para mí en exclusiva, cosa que además me hace sentir mal.
En casi un año juntas sólo nos hemos separado en contadas ocasiones. El día que más tiempo estuvimos separadas no pasaron más de tres horas, y casi todas nuestras separaciones han sido motivadas por visitas hospitalarias a familiares.
Si no nos hemos separado más es porque no veía la necesidad. Minerva me necesitaba y yo a ella, y siempre tuve claro que si tenía hij@s era para disfrutar con ellos. Por eso no concibo ir a ningún sitio sin mi hija, a no ser que sea por fuerza mayor. Al contrario, busco actividades que podamos hacer juntas fuera de casa. No hace mucho, en las fiestas del pueblo de mi compañero de ruta, los amigos nos alentaban a dejar a la niña con los abuelos para poder irnos de fiesta por la noche, pero ni tengo ganas de andar hasta las tantas por ahí de juerga ni de dejar a mi hija sabiendo que se va a despertar buscando su tetita.
La primera vez que nos separamos fue cuando Minerva tenía tres meses y operaron a mi padre del corazón. Sólo podíamos entrar en la UCI dos personas una media hora. Así que el papá se quedó con la bebita dando un paseo en las inmediaciones del hospital mientras que yo subía a la sala de espera a reunirme con mi madre. Me costó horrores separarme de mi hija, aun sabiendo que se quedaba con la persona en que mayor confianza podía dejarla. Tardaron en llamarnos y yo estaba nerviosísima por entrar de una vez, no por ver a mi padre sino porque cuanto más tardásemos en entrar más tardaríamos en salir. Una vez allí el tiempo se me hizo eterno. Estaba preocupada por mi padre, se me ponía la piel de gallina viéndole tan débil y todavía sin estar fuera de peligro, pero me sentía mal conmigo misma porque estaba deseando salir de allí para reunirme con mi pequeña, a pesar de que mi padre, el pobre, nos pedía que no le dejásemos. Fue la primera hora que pasé separada de mi pequeña, tan lejos, sin oírla, sin olerla, sin sentirla, sin verla, sin tocarla, sin saber que estaba bien. La necesitaba, sentía dolor físico, creo que nunca había sentido algo así en la vida. Era como si me separase de una parte más de mi cuerpo, de mi alma, es difícil describirlo con palabras.
No quiero ni imaginar cómo tienen que sentirse las mujeres que dejan a sus bebés a las dieciséis semanas para reincorporarse al trabajo.
Pero llevo un tiempo, unos días, en que me siento diferente en este aspecto. Siento como si mi apego hacia ella hubiese cambiado (no se si apego es la palabra que estoy buscando). El vínculo con mi hija sigue inquebrantable, pero me veo capaz de separarme por más tiempo de ella, siento que podemos estar separadas durante unas horas sin que ninguna de las dos sufra. Por un lado me parece algo bueno, pero por otro es como si perdiese ese apego, como si perdiese a mi bebita, y es que se está convirtiendo en mi bebé grande y siento que estoy perdiendo algo.
Ya no es el bebé dependiente totalmente se mí, de su madre, inseparable. Sé que puede estar tranquilamente con los abuelos sin mí (me lo ha demostrado alguna vez, al principio a mi pesar, será que me he malacostumbrado, je, je), y le gusta, pues tiene pasión de abuelo materno.
Tiene muy claro lo que quiere y lo que no, y te lo hace saber. Es una niña que necesita muchos estímulos, que le encanta explorar, imparable e incasable, que hay días en los que apenas se echa siesta o directamente ni se la echa porque quiere estar correteando en casa, en la calle o donde sea pero sin perder el tiempo durmiendo, que a pesar de tener casi un año si por lo que sea no puede tener lo que quiere (bajarse de la acera a la carretera, coger un objeto peligroso que no está a su alcance, por poner dos ejemplos), y más aún si el sueño le acompaña, la rabieta que se coge me deja desconcertada, pues puede ir desde darme cabezazos y arañarme (la tengo aupa para consolarla), pasando por un llanto desgarrador, hasta echarse hacia atrás con todas sus fuerzas, que si nos pilla en el suelo y no tenemos cuidado el cabezazo que se da es de cuidado. Los días en los que esto sucede, que no son todos ni todo el rato, termino agotada y algún día puedo llegar a estar desesperada. Creo que es la primera vez en la realmente necesito otras manos.
Por otro lado, últimamente pienso más en mi reincorporación al mundo laboral. No porque me gustase mi trabajo sino porque me da miedo que pase el tiempo y en mi curriculum quede tal hueco que luego me sea difícil la vuelta. Al mismo tiempo esta posible reincorporación no me apetece porque sería como salir al mundo real, fuera del mundo de mi hija, y encontrarme de nuevo en la selva, en la desconexión. Temo de esa manera desvincularme, entonces sí, de mi hija. Pues doce horas, que era lo que antes estaba fuera de casa, con todo lo que acarrea psicológicamente (lo que me traería a casa acuestas), creo que engulliría parte del mundo maravilloso, inocente, en el que ahora vivimos. Hasta el momento no me había preocupado para nada el tema monetario, estaba convencida de que nos apañaríamos, que por otro lado así es realmente. Quizás lo pienso más porque he visto más cerca el plazo que me puse para empezar a trabajar y he comenzado a darle vueltas y vueltas, ya ves tú para qué. Hablándolo con mi compañero de ruta seguramente no tenga necesidad de empezar a trabajar en enero, por ahora nos apañamos bien, lo cual en el fondo me tranquiliza, porque antes que dejar a mi hija doce horas en una guardería prefiero pasar hambre.
Desechada esa opción me estoy planteando hacer algún curso o alguna actividad, porque me apetece hacer algo para mí, tener un rato para dedicarme a mí exclusivamente. No quisiera dejarla en la guardería con unos extraños, seguramente la dejaría con mis padres ya que serían pocas horas y los tres estarían encantados. Y claro, tendría que ser algo que me interesase, que no estuviese demasiado lejos y que no fuesen muchas horas. ¿Pido mucho?
Todo esto me hace sentir muy culpable. Culpable por sentir que ahora ya si puedo ser capaz de estar un tiempo separada de mi niña, culpable por querer un tiempo y un espacio para mi, culpable por plantearme separarla de mi lado sin saber qué es lo que ella opina al respecto, culpable por hartarme en ocasiones de su presencia imparable. Quiero a mi hija con locura, no creo que haga falta decirlo, pero también quiero unas horas para mí. Quizás para sentirme mejor pienso que luego en nuestro reencuentro lo disfrutaremos más, al menos yo, que estaré más relajada. Pero el pensar eso no hace que la culpa desaparezca.
¿Tenemos entonces las mujeres necesidad de dejar a nuestr@s hij@s por unas horas para sentirnos realizadas, para descansar de las demandas de nuestr@s hij@s, para no sentir miedo de quedarnos desplazadas en el mundo laboral ni social, para poder disfrutar de nosotras mismas en exclusividad? ¿Y qué hacemos entonces con esa culpa que arrastramos por plantearnos ser infiel a nuestr@s hij@s? Quizás es el precio que debamos pagar por ser nosotras, y no ell@s, los que iniciemos la ruptura de nuestra fusión.
domingo, 28 de agosto de 2011
La maternidad y el encuentro con la propia sombra






