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jueves, 9 de mayo de 2013

Niños descalzos igual a niños más inteligentes


En el artículo “Niños descalzos igual a niños más inteligentes” de Isabel Gentil García se intenta demostrar mediante estudios científicos, algo que para mi la lógica ya me lo venía diciendo, que los niños preandantes deberían ir descalzos.


Además de que no tienen ninguna necesidad de llevar zapatos (sería pura estética, con calcetines se les puede abrigar perfectamente), como nos dice el artículo, el movimiento físico y el estímulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es factor de aceleración de maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.

Hasta mas o menos los nueve meses la planta de los pies de los niños son muy sensibles con la intención de recibir la máxima información del mundo que le rodea.  Para la maduración de las habilidades motoras son necesarios el desarrollo de la coordinación visual manual y la adquisición de la información táctil y propiocectiva.


A los 7-8 meses, que es cuando los niños manipulan sus pies con las manos o con la boca están aportando un importante estímulo para el desarrollo sensorial. No debemos reprimir la sensibilidad táctil de los pies calzándoles, pues informan del mundo exterior, transmitiendo sensaciones de temperatura, texturas... que favorecen el desarrollo  psicomotor del niño, sino cuidar y potenciar la libertad de los movimientos de los dedos y de los pies; a estas edades los dedos, como órgano táctil, se mueven mucho.


No debemos poner impedimentos al desarrollo propioceptivo, neuromuscular e intelectual del niño encerrando sus pies en un calzado que no necesita, al contrario se deberá estimular a los niños a disfrutar de su cuerpo y de su motricidad con los pies descalzos.
  

Son muchos los niños que en cuanto pueden se quitan los zapatos y si me apuráis también los calcetines. Prefieren un pie libre y con todas las comodidades y connotaciones que ello conlleva, y eso hablando de niños que ya andan o gatean. Los más pequeñitos en cuanto aprenden también se los quitan, y es que como ya hemos visto, a través de los pies obtienen multitud de información. Unos zapatos duros y rígidos lo único que hacen es entorpecer.

Por eso, y por lo que comenta el artículo al que me refiero más arriba, deberíamos tener más en cuenta las necesidades y peticiones de nuestros pequeños. Nos empeñamos en calzarlos cuando ni siquiera andan y no lo necesitan, o cuando son más grandes y simplemente quieren sentir la libertad de andar descalzos por casa. Comprobaríamos que ese miedo a que se constipen no tiene ningún fundamento.

Una opción para esos papás a los que nos preocupan que nuestros peques anden descalzos en casa en invierno son los zapatos de suela blanda, zapatos de gateo, que puedes encontrar en nuestra tienda online. Se adaptan perfectamente a su pie y a sus movimientos, ideales para gatear y jugar. Al ser tan flexibles no les molestan y generalmente no se interesan en quitárselos. Además, al ajustarse mediante una gomita no les es tan fácil de quitar.






Para los más chiquitines, como he comentado antes, para el invierno sería suficiente con unos calcetines gruesos. En todo caso para quedarnos más tranquilos podríamos ponerles estos zapatitos de suela blanda para salir a la calle.

Si queréis leer el artículo entero de "Niños descalzos igual a niños más inteligentes” de Isabel Gentil García, podéis hacerlo aquí.



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jueves, 29 de marzo de 2012

Los niños no necesitan estimulación temprana



El enunciado del título tiene matices, luego veremos cuáles son.


El tema que se trataba hoy en la Asociación Crianza Leganés era sobre la estimulación temprana y la fisioterapia respiratoria. La verdad es que entre que no tengo mucho tiempo y que no estoy de acuerdo en que un niño normal en su desarrollo necesite estimulación temprana, a punto estuve de no asistir esta mañana, y si lo hice fue porque estaba interesada en participar en un estudio sobre lactancia materna que está realizando el Hospital 12 de Octubre (están pidiendo la colaboración de madres lactantes, si alguna está interesada le paso la información), y como se iban a encargar ellas de recoger las muestras de las mamás que estábamos interesadas y llevarlas al Hospital, al final me decidí a ir, y menos mal, porque me ha encantado la reunión.

Paula, fisioterapeuta infantil (entre otras cosas) del Centro Adin, nos ha contado un poco a qué se dedican (desde el preparto y postparto hasta grupos de crianza), se ha centrado sobre todo en la atención temprana enfocada a niños con dificultades en su desarrollo y a los problemas más usuales del sistema respiratorio en los niños, y ha resuelto encantada todas las dudas que iban surgiendo. Debo decir que transmitía calidez y confianza a raudales.

Como parece que últimamente está de moda eso de que todos los niños, tengan o no algún tipo de retraso en su desarrollo, tengan que realizar por su bien alguna actividad de estimulación temprana, ya iba yo con la idea preconcebida (por mucho que me pese) de que era eso lo que nos iban a “vender”. Nada más lejos de la realidad. Paula nos ha dejado muy claro la necesidad de contacto, la atención de las necesidades del niño y no forzarles  a hacer nada para lo que no están preparados, para que estos se desarrollen con normalidad. Justo lo que yo pensaba.


Retomando el título que encabeza este post, estoy totalmente convencida de que los niños no necesitan estimulación temprana, no necesitan ir a ningún sitio para que se les estimule de ninguna manera. Con la salvedad de dos excepciones. Una de ellas es que el niño tenga algún tipo de retraso o dificultad en su desarrollo, lógicamente aquí habría que intervenir para subsanar o mejorar en la medida de lo posible esas dificultades.

Un niño al que se le atiende su llanto, su necesidad de contacto, al que se le da muestras de cariño, con el que se juega, se le habla, se le permite estar en el suelo desde los dos o tres meses para que pueda ir explorando según su desarrollo (sin forzarle a estar en posturas para las que todavía no está preparado, permitiéndole que él solo se siente o se ponga de pie cuando su cuerpo pueda hacerlo por sí mismo), se le permite explorar con la comida (descubriendo sabores, texturas, colores, olores…), se le coge en brazos, se le permite convivir (participar) en familia en las tareas cotidianas… ese niño (a no ser, como decía antes, que tenga algún tipo de dificultad en su desarrollo) no necesita estimulación temprana. No la necesita porque ya la tiene de la mano de sus padres o cuidadores. Todo eso desde mi punto de vista es la relación normal entre un niño y sus padres, una relación de respeto, amor y atención.

Un niño al que se le deja horas en la hamaquita, metido en el parque, frente a la televisión, al que se le deja llorar para que no se malacostumbre, con el que no se juega porque no se tiene tiempo o debe aprender a hacerlo solo desde pequeñito, al que no se le dan muestras de cariño… ese niño, que en principio no tiene (o no tenía) ninguna dificultad en su desarrollo, puede que sí necesite atención temprana. Este niño es la segunda excepción. Y es que carece de estímulos, de atención, y quizás serían bueno que ya que no lo tiene en casa lo reciba de alguna manera, aunque no sea de quien debería. Desde luego como profesional yo aquí informaría bien a los padres de lo que realmente necesita su hijo.

Pero cuando no hacemos las cosas mecánicamente con nuestros hijos, sino que estamos ahí para ellos, cuando les bañamos, les cambiamos el pañal, nos sentamos a la mesa con ellos, damos un paseo (hablándoles de lo que vamos viendo o simplemente estando presentes), nos ponemos a bailar o a cantar, les abrazamos, les contamos lo que vamos a hacer o cómo nos ha ido el día, cuando hacemos todo eso estamos estimulando de la manera más natural y amorosa a nuestros hijos.

jueves, 24 de marzo de 2011

Libertad para gatear, libertad para caminar

He conseguido encontrar un ratillo para escribir unas líneas. Llevamos unos días sin parar con el añadido de que Minerva se va haciendo “mayor” y demanda más mi atención. Eso de tenerla conmigo mientras escribo ya no cuela, sabe que el ordenador le quita protagonismo y aunque sea sólo un rato ya no le hace ninguna gracia.


La casa de mis padres, donde he vivido toda la vida (hasta que conseguí emanciparme), tiene suelo de parquet. Estos suelos son cálidos y acogedores, y cuando caminas descalzo sobre ellos no transmiten sensación de frialdad. A pesar de ello, cada vez que mis padres me pillaban andando descalza, me llamaban la atención.

Siempre me ha gustado andar descalza por casa, no sabría decir muy bien por qué, quizás por la sensación de libertad, el contacto con el suelo... ¿Qué mejor manera de tener los pies en la tierra?

Recuerdo cuando de niños salíamos mis primos, mi hermana y yo, junto a un tío nuestro, al campo a pasesar, y este tío se quitaba los zapatos y los calcetines y nos invitaba a los demás a hacerlo, con el argumento de sentir la naturaleza bajo nuestro pies y sobre todo para estar más en conexión con la tierra. Nosotr@s divertid@s le imitábamos y andábamos como podíamos sobre la arenilla, los bichos, la hierba y las piedrecillas. Nos encantaba, por lo menos a mí.

A mi compañero de ruta y papá de Minerva también le encanta andar descalzo por casa, ya sea invierno o verano, y es que en nuestra casa tenemos el suelo de gres que es más frío. Ya sea con calcetines o sin ellos anda más feliz que una perdiz. Así que doy por hecho, lo mismo me equivoco, que a Minerva también le gustará y aprovechará a andar descalza siempre que pueda.

Todo esto viene para contar la necesidad de que a los bebés se les deje libertad en sus piececillos para moverse. Hasta que no andan no tienen ninguna necesidad de llevar zapatitos de ningún tipo. Que sí, que quedan muy monos, pero a ellos no les sirven para nada, en todo caso les añade un peso a sus diminutos pies, en detrimento de su movilidad. A través de sus pies los bebés obtienen mucha información y según van creciendo son de mucha utilidad en su desarrollo psicomotor, pues son fundamentales para el gateo y sus posterior caminar. Si calzamos a un bebé que está en proceso de gateo le estamos impidiendo desarrollarse con naturalidad y soltura, pues no permitimos el movimiento y la ayuda que le proporcionan sus deditos para tal actividad, le impedimos aprender de su propio cuerpo (cuando se llevan los pies a la boca) y del entorno. Lo cuenta muy bien el artículo titulado “Bebes descalzos, bebés felices”: ...el niño juega con sus pies y eso estimula su desarrollo, porque permite la maduración del sistema nervioso y favorece el control neuromuscular, el desarrollo intelectual y las habilidades sociales...

En Bebilandia también nos aconsejan: Caminar descalzo o con medias es beneficioso porque da mayor seguridad y equilibrio, el pie crece normalmente y desarrolla musculatura, fuerza y fortalece la acción de agarre de los dedos.

Nunca hay que forzarles a hacer algo para lo que no están preparados, y ponerles de pie sin haberlo hecho por ellos mismos puede causarle daños en su musculatura. A Minerva, cuando se la coge en brazos, le gusta estar en posición vertical, otra cosa es dejarla apoyada y que recaiga todo su peso en sus pies y sus piernas todavía inmaduros. Cada vez que la cogen y la dejan así (de esa manera el adulto no tiene que aguantar sus siete kilos y pico, para eso que lo aguante ella) me entran los siete males, pero esa ya es otra historia.

A pesar de vendernos zapatitos blandos para bebés que todavía no andan, tales no son adecuados para ell@s. ¿Qué necesidad tenemos de calzar a un bebé dentro de casa? Con un pijamita entero o unos calcetines en invierno es suficiente. Y para salir a la calle, cuando hace frío, podemos ponerles unos calcetines gruesos (existen también calentadores para bebés), que les complementará el saco, la mantita o el buzo donde les llevemos.

Existen unos zapatos de piel, especial para bebés, flexibles, blandos y antideslizantes que se adaptan a sus pies como una segunda piel. Los hemos visto de la marca pitter patters y shooshoos (no me gusta hacer publicidad, pero es por si alguien conoce algunos otros). Estos últimos son los que le hemos comprado a Minerva, para cuando empiece a ponerse de pie y estemos fuera de casa.